Escritura interior
 


06/11/1972   Dios habrá de morir

6 de noviembre, lunes (18:45 horas) 1972 Empiezo nuevo cuaderno. Con la sensación de que no haré nada diferente. Bastante es seguir. 8 de noviembre, miércoles (22 horas) En USA ha ganado Nixon. En Zaragoza ha muerto el Cónsul de Francia, víctima de un atentado terrorista cuyos autores, detenidos ya, pertenecen a un grupo de extrema izquierda. 10 de noviembre, viernes (21 horas) El Mesías de Häendel. Una obra formidable. Es música de muerte, de más allá de la muerte. Yo siento nostalgia de misterio, de fe perdida. Creo en Dios padre que habrá de morir dentro de mí, cuando mi cerebro se muera, que ha nacido con mis hijos, que está en todos los hombres porque es lo humano que cada hombre llevamos en nuestro interior. En él sí creo. Si pudiéramos vivir al margen de la pequeña vida, de la anécdota, del estúpido proyecto... Y entrar sólo en el otro lado de la existencia que merece la pena. Si esto fuera posible no habría odios, rivalidad de ninguna clase, violencia. Estaríamos entregados a nuestra propia angustia y felicidad sin culpa ni mérito. No puedo imaginarlo. Sentirlo sí; cuando atraviesa esa extraña luz la oscuridad de cada una de nuestras vidas. En ese instante todo adquiere una transparencia escalofriante.

  

02/01/1970 (23:10)  Una fábrica de aburridos

2 de enero, viernes (22 horas) Y el año se fue. No me importa lo que se va, sino lo que viene. Creo que este año puede representar el comienzo de una etapa nueva: el trabajo recién estrenado, Madrid, la posibilidad de escribir de nuevo, el hijo que está en camino. Termino un estudio de Pablo Cepeda sobre la izquierda y derecha españolas. Comienzo “Conversación en la Catedral” de V. Llosa. El lunes iré con el fotógrafo a Toledo para preparar un trabajo sobre el Palacio de Fuensalida. No tengo miedo a la vida sino a vivirla demasiado deprisa, sin pausa, sin “vueltas hacia adentro”, sin crear, por fin, algo. Sale un nuevo periódico –Nivel– y le dan la puntilla recién nacido. Tengo la impresión de que Sánchez Bella es un imbécil: lo poco que ha declarado y las tonterías que ha dicho y lo que va haciendo son una muestra de ello. Seguimos igual. No puede haber hombres nuevos, ni orientaciones nuevas en un sistema viejo y corrompido. Condenan al Padre Gamo, censuran a la prensa, permiten a esos “guerrilleros de Cristo” –eterna especie de criminales– a actuar impunemente: los mismos perros con distintos collares. La dictadura es, en el mejor de los casos, una fábrica de aburridos. La ciudad está nevada.

  

 
 
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