Escritura interior
 
Pgina: 1/7


27/12/2015 (19:00)  A mis amigos

Deseo a mis amigos
feliz felicidades,
lo cual no es una redundancia
puesto que existen nuchas más felicidades vacías de
toda felicidad
que rebosantes de ella.



  

22/12/2015 (17:14)  Un gobierno en defunciones

Seguimos con un Gobierno en funciones –mejor sería llamarlo en defunciones- que puede prolongarse hasta que los votantes olviden las promesas y hasta juramentos de algunos partidos que no pactarán para que Rajoy siga en la Moncloa. Pero ya veremos.  Quemar a fuego lento a un presidente ignífugo, manteniéndolo en el poder con menos poder,  es una forma infalible de reducirlo a carbonilla.
No hay que hacerse  ilusiones. Si el triunfo electoral hubiera sido del PSOE –algo que no merecía- la mitad de la población estaría temblando.  Pedro Sánchez entró cadáver en la campaña  electoral y serán los suyos los que organicen su enterramiento. Sánchez (Pedro viene de piedra)  se ha echado muchas piedras a su propio tejado. ¿Creía que denunciar la corrupción del PP  era suficiente para acabar con el PP y sus corruptos encarcelados o en espera de su ingreso en prisión?
Que Rajoy es indecente solo puede ofender a Rajoy, a quien todo le resbala y no se mira en el espejo.  Replica a Sánchez llamándolo ruin y  miserable, entre otros halagos de convento.
 Pero las acusaciones de este calibre cruzadas en un plató de La Academia de Televisión, ante un moderador pasmarote, no tienen por qué impedir pactos entre el llamado indecente y el llamado ruin y miserable. Desatan  tanta risa entre el público infantil como el intercambio de tortazos de los payasos en la pista de un circo ambulante que huele a mierda animal.  Y nos recuerdan aquellas peleas históricas entre grandes empresas ( grupo Prisa y  Telefónica) que primero se querellan al calor sus fieles accionistas e ingenuos empleados y luego, en una cena íntima por todo lo alto, llegan a un acuerdo bochornoso. El tiempo no es siempre una barredera, aunque los granujas se mofen de los incautos.
Tanto si forma, como si no, un gobierno (ingobernable) Rajoy,  vamos  a pasarlas putas en este país. Y en cuanto al absurdo papel reservado a nuestro  políglota monarca, si llega a proponer candidatos a la presidencia, lo vemos  tan extemporáneo en el siglo XXI como su  personal costumbre de pasar la mano por la joroba de nuestros  políticos que todos subvencionamos y nadie nos merecemos.
 

  

19/12/2015 (13:18)  Reflexión

He salido a la calle para ver cómo reflexiona la gente el día de reflexión previo al día de las elecciones. Hay que reflexionar sobre los candidatos, los programas, los debates que he visto por la tele y los que no he visto pero han comentado en las noticias. He observado en las calles a personas de distinta edad, hombres y mujeres votantes, con cara de reflexionar o de estar a punto de reflexionar. Me he sentido incapaz de reflexionar cuando he deseado hacerlo entre las masas que llenaban los almacenes, entraban por una puerta y salían por otra con algún paquete en las manos. ¿Han reflexionado mientras compraban lo que  compraban, tanto el comprador como el vendedor o vendedora? No me he atrevido a preguntar. El voto, en un país sin secretos, es secreto.
He entrado en una iglesia porque las iglesias son lugares de recogimiento y meditación. No había nadie. Mejor dicho, solo había un cura dormitando en un confesonario. Tampoco me he atrevido a despertarle y preguntarle  a quién va a votar mañana. Luego he ido al mercado. Había tanto bullicio que, salvo los besugos y merluzas que me miraban fijamente con ojos de haber sobrepasado toda posible reflexión, nadie reflexionaba.
He subido a un autobús para regresar a casa. Daba tantos tirones y bandazos el conductor que supuse que esto se debía a su estado de perplejidad  en plena reflexión. Parecía un indeciso.
Bajé del autobús desorientado porque los viajeros parecían hartos de reflexionar. Todavía alguno comentaba el puñetazo que le metieron a Rajoy. Pero esto era agua pasada.
He subido a casa. No he puesto la tele. No he leído el periódico. No he oído la radio. Me he sentado en una butaca. Me dije: ahora tienes que reflexionar. He cerrado los ojos. He recordado confusamente  todo lo que ocurrió durante la campaña electoral. He sentido náuseas. He abierto los ojos y he decidido seguir un rato así, dejando que mi cuerpo piense y que mi mente ocie. Pero ha sido peor. Me dolía el cuerpo. Me dolía la cabeza. Me he puesto de pie y me he dicho: debes salir otra vez a la calle. Aquí puedes volverte loco. Y he bajado a la calle con una sensación de derrota. He pensado en la derrota de nuestro país. En un país hundido y triste. Un país que no entiendo.  He deseado que pase rápido el día de reflexión.

  

17/12/2015 (17:32)  Un puñetazo callejero

No husmeo en las redes sociales últimamente pero estoy seguro de que desde el debate Rajoy-Sánchez, muchos comentarios habrán sido incendiarios. Es natural. El supuesto insulto que el candidato del POSE dirigió al candidato del PP al llamarle indecente, en el contexto en que lo hizo,  no me sorprende. Me extraña, en cambio, que el presidente del Gobierno y máxima autoridad de su partido se ofendiera como se ofendió.  No está acostumbrado  a participar en debates televisados ni a dar la cara, salvo cuando no le queda otro  remedio, en el Congreso. Es un político plasma y un pasmado. Cuando va por las calles rodeado de guardaespaldas se nota que hace un esfuerzo enorme que no puede eludir siendo candidato en campaña electoral. Pero su efusividad con el pueblo es teatral.  Falsa. Debe de estar preguntándose “¡a ver cuándo se acaba esto!”.
Sacar a Rajoy de su pecera blindada es arriesgado. Lo hemos visto cuando ayer un joven le sopló  un guantazo  de padre y señor mío en Pontevedra –su tierra natal- y perdió las gafas y el equilibrio, aunque bien pudo ganar  cierta simpatía, tal vez compasiva, incluso de los votantes que no deseamos verlo otra legislatura eacondido en la Moncloa.
Los votos no se ganan a base de sumar puñetazos callejeros porque estos despiertan la indignación general.  Los votos se ganan –y en el caso de Rajoy se pierden- por la conducta  abyecta de un mandatario que ha gobernado con la apisonadora de la mayoría en el Congreso, y con el cinismo, hasta el último momento, de un consumado profesional de la mentira y del engaño que incumplió su programa y sus promesas.
Lo que ha conseguido Mariano Rajoy es que pocos votantes confíen ahora en los programas de los candidatos. Es él quien ha propiciado un estilo mamporrero en la política. Es él quien ha ocultado sistemáticamente la corrupción fomentada desde su propio partido y ejecutada por sus compinches, amigos y colaboradores.
Rajoy podrá maquillar las moraduras de un lamentable guantazo callejero, pero no puede ocultar lo que hizo y permitió hacer  durante su legislatura desde los despachos  de Génova y en las Comunidades donde puso  al frente a personas de su misma calaña.
Rajoy es un cobarde y brutal puñetazo a la democracia.

  

10/12/2015 (13:22)  Así hasta el final

He consumido el puente de la Constitución disfrutando de  un paisaje urbano similar a una de las pinturas de Marcelo Fuentes.  Por los ventanales de mi habitación veía, a mi derecha, la gran fechada amarillenta del viejo Hospital de La Fé   ya sin vida. A mi izquierda tropezaban mis ojos con la silueta de un cuerpo encogido agujereado por varios goteros –parecidos a los míos- que la mayor parte del día y de la larga noche permanecía quejumbroso en espera de nada que no fuera una   hora más de sufrimiento. Ni siquiera era necesario esforzarnos  ese hombre o yo por sobrevivir. Aunque apenas intercambiamos palabras sabíamos que era conveniente resignarnos. Tener paciencia. Y, eso sí,  hacer lo mas llevadera posible la situación de nuestros respectivos acompañantes.
Al final,  cuando dejamos mi mujer y yo la habitación, supimos que teníamos la misma edad y, por supuesto, la misma enfermedad que nos une a los pacientes de este hospital: un cáncer, vulgar y corriente, en fase de metástasis  La suya parecía más extendida que la mía.
Pero esto era, y es,  lo de menos. Los tres días de mínima comunicación de un enfermo con el otro, revelaron nuestra personalidad. Su  agitación, a pesar de los potentes sedantes que le suministraron era constante. Y él mismo lo decía. “Se me salen los huesos del cuerpo”. Su estado físico inspiraba, no obstante, una mezcla de compasión y de rechazo. No lo acompañaba su mujer, de la que estaba en trámite de divorcio ya a los 78 años, sino un joven y servicial inmigrante peruano que se turnaba día y noche con su esposa, también inmigrante, para no dejarlo solo ni un momento. El enfermo despertaba al cuidador en mitad de la noche y este se incorporaba al instante, como un soldado que oye la diana, para llevarle la botella de orinar colocándole el pene de forma adecuada, pues en más de una ocasión la orina escapaba y las molestias eran mayores. El cuidador hacía lo imposible en cada momento para evitar molestarnos a mi mujer y a mí. Su empleador, es decir el enfermo, se lo agradecía. A un primo de este que lo visitó un par de veces le confesó la suerte que había tenido al contratar al cuidador: “Es como disponer de ayuda de cámara, no sé dónde ha aprendido estas cosas…” le dijo mitad en serio y mitad en broma. Y añadió pero “me cuesta una fortuna”.
Por alguna llamada telefónica supe que el enfermo tenía una pareja y cuando apareció la esposa con bolsas de marcas de lujo, echando chispas y regañando a todo el mundo, comprendí algo mejor esos divorcios desesperados y como de última hora –no solo los de enfermos anónimos, también los de celebridades que saben que deben ir contra reloj  al objetivo –o al objeto- pues  detrás de las fotogénicas sonrisas y de la ropa cara se perfila una calavera.
Es el tiempo –sólo eso- lo inflexible e innegociable de la existencia. Mirar la realidad a los ojos cuando las horas se vuelven interminables resulta en algunos casos  demasiado cruel, pero no injusto. La justicia dejó de existir en este penoso tramo de nuestras vidas del que solo esperamos paz y exigimos respeto y honestidad a quienes nos engañaron y traicionaron.
La esposa legítima del enfermo encogido en las sábanas arrugadas echó en falta  un paquete de jamón ibérico. El enfermo dijo: “alguien nos lo ha robado. Aquí no puedes dejar un reloj caro”.  
En otro momento la esposa legítima del enfermo que vivía con un solo riñón, encontró en su parte alícuota del armario un pequeño paquete con dulces. Miró al marido. Balanceó el paquete ante sus narices: “Los voy a tirar” sentenció. El enfermo, en permanente desacuerdo con su mujer, replicó : “Mejor dáselo al primer mendigo que te encuentres en la calle”.  Por la ventana orientada al abandonado Hospital de la Fe,  seguían desfilando vagabundos y más vagabundos.
 


  

25/11/2015 (17:47)  Goteros

Hoy tuve la primera sesión de un total de  cuatro de inmunoterapia. Un gotero de 90 minutos. La próxima, dentro de 21 días.

De momento todo fue bien. Sin efectos secundarios -llamémosle 'fuego amigo'- de importancia. Salvo pitido de oídos y una sensación rasposa en el paladar.

Éramos un centenar de enfermos en el interior de  una especie de salón para  fumadores de opio. Ningún chino. Unos en butacas reclinables sin reclinar,  y otros tumbados. Yo pensaba en el aburrimiento de las enfermedades crónicas. ¿Alguna es divertida?

No sé cómo se llama el producto farmacéutico que me inyectaron. Sé que es muy caro. Y potente. Por eso no lo introducen en tu sistema circulatorio a toda velocidad. Van muy despacio y así eres consciente del coste elevado y de la pesada carga económica que tu curación (¿) supone  para las arcas públicas. Hoy por ti,  mañana por mi.

El ambiente de la gran sala era limpio y austero. No como la negación de una fiesta ni tampoco como la celebración de lo contrario. O sea, la casa de los moribundos de la Madre Teresa de Calcuta.  Desde tu localidad podías ver a través de los ventanales alargados palmeras por un lado (verdaderas) y nubes blancas y como un oleaje de agua azul que no intimidaba (artificial) pintados en la pared.

Entre la palmera real y la falsa nube pasaban jóvenes enfermeras especializadas en este trabajo de supervisar los goteros, ponerlos, cambiarlos, regular su frecuencia en un monitor electrónico y regular, también, la sonrisa de ellas mismas.

Se hizo interminable. No pude leer porque no tenía ganas de esforzarme. Pensaba en la lentitud del tiempo cuando te abandonas a su propio ritmo. Una hora y media viendo un largometraje de acción pasa sin enterarte. Pero con la palmera verdadera al frente y el oleaje y las nubes ficticias a tus espaldas, esa misma hora y media parece una eternidad...

En resumen, ha sido una experiencia poco interesante.

¿O es que son interesantes los rostros de hombres y mujeres en su mayoría de avanzada edad  cuando muestran el cansancio y la extrañeza que los años, y la situación que ahora viven, quedan fijos como en una máscara  intercambiable? Sí, nuestros rostros son tan intercambiables como los trípodes de acero con ruedas y ganchos de los que cuelgan esas bolsas milagrosas, transparentes,  y unos tubos flexibles que se hunden en tu pecho o  en tu brazo.

  

22/11/2015 (18:17)  Dionisio Ridruejo

Javier Cercas dedica en El País Semanal de hoy un artículo a Dionisio Ridruejo, autor del libro Escrito en España (publicado en Argentina en 1961) que fue uno de los pilares del franquismo y posteriormente un renegado del Régimen. El artículo se titula Cataluña y el método Ridruejo. Enseguida me he preguntado qué clase de método será este, y si el hallazgo de Cercas, harto como estoy del tema catalán, puede servirme de algo. Hoy hay métodos para casi todo: hablar en público, adelgazar sin pasar hambre y alcanzar orgasmos múltiples.
Pero lo he leído –reconozco que de mala gana- y me he quedado como estaba. Puede que a otros les haya iluminado el oscuro y agotador asunto catalán. De todas formas a mí jamás me han fascinado los llamados genios residuales del ningún régimen asesino. Cuando leí el libro  de Ridruejo en los 70  bostecé. Ahora ni siquiera. Solo me hacía dudar si Ridruejo fue uno de los políticos que tuve que entrevistar para el semanario Blanco y Negro, o tal vez me lo estaba inventando.
Por suerte y por desgracia las hemerotecas existen y, por si eso no es bastante, también existen mis Diarios. Así que echo mano del volumen La hierba crece despacio (Edaf 2007)  y  compruebo que en la página 233 anoté, el 21 de mayo de 1970 a la 1.30 horas, lo siguiente:

“Dionisio Ridruejo aparece en bata, con los cabellos revueltos, arrastrando las zapatillas por el pasillo.
  -Dentro de una hora tengo que ir al médico- me dice tendiéndome la mano-  porque anoche me dio otro disgusto el corazón (…)  Mientras habla, baja la mirada y se disculpa por haberme hecho ir a su casa:
  -La verdad es que tiene usted poca suerte con las entrevistas, unos le reciben violentamente  (en referencia a Ramón Tamames) y otros… casi agonizando.
Acordamos aplazar la entrevista hasta mañana a las 11.30.”

El 8 de junio, domingo, anoto: “Hubo lápiz rojo en la entrevistas con Dionisio Ridruejo, publicada esta semana. Nadie me dijo dónde se había cortado. Pero encontré un juego de galeradas intacto que he podido cotejar con el texto publicado. Lo más importante que se ha suprimido está marcado:  
  -¿Cuándo se entrevistó con él (Franco) por última vez?
  -En 1953. Fui para abogar por el restablecimiento de los derechos del idioma catalán. Estuvo muy afectuoso y bastante aquiescente. Pero la entrevista no sirvió para nada. Yo le dije ‘Creo que se ha tratado a Cataluña como un territorio enemigo ocupado’. Y él respondió ‘Es verdad. Y ha sido un error’.

[La entrevista con Ridruejo, en su casa, duró un par de horas. El censor fue  Luis María Anson, entonces uno de los responsables de Prensa Española]

  

19/11/2015 (19:40)  Cuaderno 198

Cuando empiezo un cuaderno nuevo de los que destino a escribir mi Diario –ahora es el 198- tengo la sensación de irme de viaje sin rumbo fijo. Voy hacia lo desconocido no del mundo exterior, sino de mi propio mundo interior.  

Pienso que este será el último cuaderno. Y decido que lo sea nada más escribir las primeras líneas. Entonces me siento libre de la  esclavitud de poner palabras a cuanto veo, pues si no las pongo es como si no hubiera  existido lo que creo que ha existido.

“Si escribo sobre lo que ocurre (anoté el 20 de febrero de 2007) en el momento que ocurre, es para saber exactamente lo que ahora ocurre y no lo que creo que ha ocurrido al cabo de cierto tiempo.”

Las páginas se llenará de frases casi siempre cortas y sin tachaduras. Me humilla ver un texto en el que tuve que eliminar o cambiar un verbo o un adjetivo por otro. La palabra que no acude con naturalidad a la página no merece estar en la página.

Todo esto lo he pensado infinidad de veces. La palabra es un sonido. En ocasiones tengo la certeza  de inventar la palabra que tanto echaba de menos?

¿Voy a ocuparme de la oscuridad y del vacío de la muerte?  ¿De ese torbellino de palabras indescifrables que me arrastrará a la nada, lo quiera o no?

¿Podré escribir sobre el dolor físico  o moral como antes lo hice sobre el  placer del cuerpo y el bienestar de la conciencia?

El escritor está muerto y  tiene la osadía de escribir lo que escribe porque los demás también han muerto.

  

14/11/2015 (21:01)  Este hombre soy yo

Algunos deben pensar: ¡Qué bien lleva la enfermedad este hombre!  La lleva como un traje hecho a la medida. Y yo les diría:  ¿acaso queréis ver mi ropa interior?

  

28/10/2015 (19:00)  Cartas a Lola desde USA

Llamó Lola (Díaz) hace un rato para decirme que el libro le ha entusiasmado. Que las cartas que escribí en los años 80 dirigidas a ella desde distintos lugares de los Estados Unidos le habían impresionado. "No sólo porque están  bien escritas, algo que para mí no es nuevo", dijo, "sino porque hay profundidad además de un gran sentido del humor en casi todas ellas".
Lola nunca contestó mis cartas. Pero yo las fui guardando en una carpeta. Dejé de enviarlas a su destinataria. Inventé a Lola. Perdí todas las cartas  en el desorden de varias mudanzas a lo largo de mi vida. Las encontré cuando ya las daba por desaparecidas para siempre.
Las releí. Pensé que podrían publicarse. No alteré nada. Se las envié a la editorial Renacimiento acompañándolas de un prólogo, de alguna reproducción de una carta original escrita a mano en papel timbrado de hoteles,  y de una foto  -naturalmente escribiendo- tomada en el Hotel Algonquin de Nueva York. Un mítico hotel de artistas, editores y escritores en el que me alojé muchas veces.
Ahora, estas cartas ya no me pertenecen. Tampoco a Lola. Pertenecen a los lectores que quieran  vivir tal como yo viví,  las experiencias  (muchas sorprendentes)  que me esperaban  en los Estados Unidos bajo el segundo mandato de Ronald Reagan. 
Los temas que me interesaron entonces son muy  variados.  Los abordé  a espaldas del periodismo. Porque lo cierto es que estos  textos son una sucesión cronológica de anti-crónicas, anti-entrevistas y anti-reportajes.  El estilo epistolar es más próximo, directo y  libre  que el utilizado  en cualquier   periódico.
Una carta va dirigida  a una sola persona.  La escribes a vuelapluma. Sin indecisiones. Por el camino corto y más fácil. Escribes a cualquier hora. Necsitas hacerlo. Y tal vez por eso estas cartas fechadas hace casi 30 años se leen ahora de un tirón. Sin tropiezos. No hubo censura interna ni externa. Resistieron  el paso del tiempo. Siento como si ayer, con la misma urgencia y excitación de entonces, hubiera estado redactándolas  al otro lado del Atlantico.

  
Pgina: 1/7

 
 
nota legal