Escritura interior
 
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28/12/2014 (17:47)  Máximo y mínimos

Ha muerto Máximo, conocido dibujante e ilustrador de periódicos, a la edad de 82 años. Me entero por las redes sociales, que todo lo pescan  al vuelo. En El País digital veo su foto y un breve artículo que resume la vida y obra del hombre que falleció hoy en su casa de Madrid como la inmensa mayoría de los viejos, a causa de un paro cardíaco.
En las redes abundan los elogios. Flores a la tumba.

Recuerdo haber leído algo no especialmente admirable  sobre Máximo San Juan en el reciente libro de Gregorio Morán titulado ‘El cura y los mandarines’. Un libro muy bien documentado que no deja títere con cabeza. Un libro que quiso censurar Planeta y que, como ha visto la luz en la editorial Akal, los mandarines aún  vivos y coleando en los distintos medios de información ignoran con un elocuente y sospechoso silencio.

Busco su nombre  en el índice onomástico.  Y en la página 255 leo (cito textualmente):

    “Hombre con buen archivo y dedicados servicios, Robles Piquer va dando las gracias a tantos colaboradores como hicieron posible el éxito de los XXV Años de Paz Española, empezando por Rafael Ansón, hermano del periodista Luis María, y la “valiosa aportación” dl dibujante humorístico Máximo San Juan en el pequeño volumen propagandístico “España para Ud.” Probablemente, añade quien lo sabe porque lo pagó, “el folleto del que se han impreso más ejemplares en la historia de España”. Se editó en español, inglés, francés y alemán, sobrepasando holgadamente el millón de ejemplares”.

Polvo eres y en polvo te convertirás. Mañana habrá sepelio y sus  amigos dibujantes lo  despedirán con lágrimas en los ojos. El gremio admiraba y respetaba a Máximo. Como él, algunos dibujantes ocurrentes  colaboraron con el régimen de Franco y aceptaron encargos en cierto modo ignominiosos. Aunque unos con más fortuna que otros.  

  

26/12/2014 (23:35)  Una foto antigua

Mi hija ha colgado en Internet esta foto que hice en la biblioteca que teníamos en la  calle de Artesa de Segre 18, Puerta de Hierro, en Madrid. Esto ocurrió a principios de los años 70.
La puerta no era exactamente de hierro porque la vivienda, de cuatro plantas, no estaba exactamente en la urbanización de lujo sino en el límite donde existía un barrio miserable de chabolas llamado Peñagrande.

Este barrio de chabolas era tan grande y compacto como la peña que habitaba en Puerta de Hierro. Aquí tenían su mansión la familia Perón y las de otros dictadores amigos de Franco. También se hicieron una mansión Isabel Preysler, ex mujer de Julio Iglesias, casada con el socialista Miguel Boyer, a quien el dueño de Rumasa le pegó un par de hostias cuando fue expropiado siendo ministro de Economía del gobierno de Felipe González el citado Miguel Boyer. ¡Toma, toma!, gritaba Ruiz Mateos ante las cámaras de televisión. El ministro  Boyer no daba crédito a sus ojos, hoy ciegos y más que incinerados.

En Puerta de Hierro te podías tropezar  con un condecorado con la Cruz de Hierro de Hitler y la esvástica nazi lo mismo que que con un monarca destronado, o una pariente de nuestro futuro rey  que entonces asomaba la cabecita de jilguero del nido del Caudillo, allá por los montes de El Pardo: ¡Juanito, te queremos mucho, tú nos salvarás,! decían los monárquicos de Puerta de Hierro.

Puerta de Hierro y la Moraleja siguen siendo urbanizaciones muy distinguidas para millonarios de toda la vida o nuevos ricos epañoles o extranjeros de todas las razas y pelajes.

Pero vuelvo a la foto que  colgó mi hija en Facebook y que yo saqué en la biblioteca del piso entre Puerta de Hiero y Peñagrande con una cámara Pentax, de gran formato, que compré  en Japón el año de la Expo celebrada en Osaka.

En aquella vivienda construída y  mal acabada por Entrecanales y Tavora, vivían varias familias de clase media alta, catalanas en su mayoría. Un alto cargo de la Caixa llamado Pepe Vilarasau estaba casado con una mujer  que detestaba el campo porque  olía a mierda de vaca –me confesó una noche mientras bailábamos el cha cha cha-.  Otro catalán era el director de la fábrica de camiones Pegaso. Su mujer también era divertida. Él no. Él parecía un camionero siempre con falta de sueño.  Tenián un niño que si lo invitabas a merendar se lo pasaba muy bien poniendo en llamas los manteles, como quien no quiere la cosa. Decían que era hiperactivo. Tuvimos que echar mano del extintor de incendios que había en el rellano de las escaleras.

Encima de nuestro dormitorio  pasaban sus noches locas de ronquidos y otros estertores  el director del Hilo Musical, un tipo llamado Alberto Sandoval, que estaba  casado con una  canaria espectacular, bastante más joven y marchosa que el funcionario. También teníamos a un notario que no era preciso preguntarle a qué se dedicaba. Te enseñaba la insignia de notario como si se tratara dse un policía cuando saca la placa.

Un día, Sandoval violó  la correspondencia  de un subalterno con la sana intención de abortar una huelga en la empresa, por lo que sería procesado. El diario ABC  publicó la sentencia condenatoria y Saldoval lo pasó muy mal.  Parecía un salchichón  de Vich.

Por su parte, su mujer (se llamaba Vicky)  casi fue violada por un médico  de la Clínica Puerta de Hierro, que entonces era privada, y a la que acudió para que le mirasen un tobillo que se había torcido al cruzar la calle. ¡Ingenua canaria!  A la vista de lo mucho que quedaba por explorar  más arriba del tobillo, el traumatólogo le propuso que se quitara la falda y, de paso, el sujetador. Pero la tenerifeña se resistió por considerar que el reconocimiento de una de sus extremidades no exigía un desnudo integral, o poco menos. Asustada, dejó al médico  con tres pares de narices y la polla -se supone- como una tercera nariz a la que habría de sonar urgentemente en cuanto la esposa del director del Hilo Musical desapareciera de su vista, pero no de su imaginación.

Viendo la foto de mis hijos sentados en una escalerita invisible de las  que  gastan en las bibliotecas, sobre un fondo de libros, añoro aquellos años y las buenas relaciones aue tuvimos con nuestros vecinos durante bastante tiempo.   Los catalanes prosperaron rápido y se mudaron de la falsa puerta de hierro a la auténtica Puerta de Hierro. Uno de ellos, Vilarrasau, se hizo a medias un chalet de lujo con el ministro de Hacienda que en aquel momento era Paco Fernández Ordóñez, cuya esposa quedó sumida en la más profunda desesperación cuando este economista que además era poeta, abandonó la presidencia del Banco Exterior de España, y pilló un cáncer de caballo, es decir, galopante.

Todos estaban allí  podridos si no de cáncer de dinero. Algunos  de ambas enfermedades  incurables. Me  pregunto quiénes seguirán con vida.  Y estoy seguro de que ellos se preguntarán lo que todos nos preguntamos  a cierta edad: ¿por cuánto tiempo?
 





 


  

26/12/2014 (13:32)  Salió el sol

Salió el sol y volaron los pájaros y los vagabundos. Unos al cielo. Los otros al infierno.
No vamos a dar gusto a los políticos hablando de ellos ¿verdad?
No vamos a escribir la palabra repugnante porque hay que reservarla. Se está agotando. Como el Boujolais.
Vamos a aarrancar las últimas páginas de la agenda antes de que se caigan solas.
Voy a pedir a quienes llevan dentadura postiza que se la quiten para comulgar en la Misa del Gallo.



  

26/12/2014 (12:27)  Dulce hogar del Jubilado

Otro periodista perteneciente ya al Hogar del Jubilado de El País, a quien este periódico ofrece un faldón semanal para sus comentarios de actualidad, analiza hoy el discurso navideño de Felipe VI.
No cuenta nada que no sepamos por los medios digitales o las redes sociales. Pero como yo conozco desde hace más de veinte años a Basterra y lo considero un buen periodista, he leído su articulo titulado Palabra de rey.
Lo que ocurre  es que a medida que leo sus frases bien construídas, aparecen imágenes sobrepuestas y, con ellas, anotaciones tomadas en mi diario La yerba crece despacio publicado por Edaf el año 2007.
Abro, pues, el libro y busco el apellido Basterra en el índice onomástico y veo que en la página 503 (año 1987)  Basterra y yo  viajamos juntos acompañando al rey Juan Carlos por varios estados de habla hispana de los EE.UU.
Fue un viaje lleno de peripecias pésimamente  organizado por la Casa del Rey.  En algunos momentos resultó ridículo. Daba  vergüenza ajena y provocaba carcajadas estrepitosas.
Fuimos relatando sobre la marcha y en nuestros respectivos periódicos -Basterra en El País y yo en Diario16-  todos los hechos de los que fuimos testigos, como el resto de la comitiva y de los periodistas que se apuntaron al periplo. Mis  crónicas, al menos, destilaban bastante humor.  Pero  irritaron  al rey, según él mismo comentó.  En mi diario personal dejé constancia de la escasa  tolerancia de Juan Carlos I.  Un entrada fechada  en 1987 en Washington DC da cuenta de ello.

    20 de noviembre, viernes.
    Antonio Alférez, con quien hablo por teléfono por un asunto sin importancia, me cuenta que el Rey –¿se escribe con mayúscula o con minúscula?- hizo un comentario en público criticando a la prensa. En un cóctel se acercó Polanco y le dijo que estaba harto de que sus viajes se utilizaran para criticar al Gobierno.
    -Lo que me ha hecho Baasterra y algunos otros es una hijoputez… -fueron las palabras del monarca-. No sé lo que Polanco respondió a Juan Carlos, aunque supongo que poca cosa. Porque la contestación que eso merecía hubiera sido esta:
    -Señor, la prensa no necesita utilizar los viajes reales para criticar al Gobierno, de la misma forma que tampoco necesita utilizar los viajes del Gobierno para criticar al Rey.
Que sea o no cierta la frase del Jefe del Estado es algo difícil de comprobar. No me sorprendería demasiado.
Me cuenta Basterra hace días que José Oneto escribió en la revista que le da de comer ahora un comentario alucinante sobre nosotros. Venía a decir que la Embajada norteamericana nos pagó –la cuantía no la precisó- para que dejáramos en ridículo el aborrecible viaje de Sus Majestades por los EE.UU. ¿Quién puede entender nada? ¿Es que no se puede aceptar que uno critique –o mejor dicho cuente- unos hechos sin estar al servicio de nadie?

Lo que pueda escribir ahora Basterra desde el Hogar del Jubilado de El País, como otros es su misma situación, se encuentra en lo que podríamos denominar zona de bajo riesgo periodístico, y no puede suscitar interés porque no tiene interés.

  

25/12/2014 (12:10)  Un soberano coñazo y un sofá hortera

No me importa gran cosa lo que opinen los expertos en discursos regios de las palabras de Felipe VI, el Misterioso. Sus asesores le aconsejaron  mostrarse enérgico, a lo Obama, y no como suele hacerlo en otras apariciones.
Agitó mucho las manos. Solo le fató juntar las palmas para  aplaudir. O elevarlas suplicantes al cielo por no decir a los jueces. Se abstuvo.
Salió de paso aunque ninguno lo dio al frente. Bailaba mentalmente hacia los lados. Fue un discurso demasiado largo. Pero tenía que tocar todas las cuerdas de su guitarra, que no es la nuestra. ¿A quién no le entraron ganas de tumbarme en el sofá rojo que la cámara de TV1 mostró como si el monarca esperase al Pequeño Nicolás? 
El sofá era hortera y sus dimensiones, largo y ancho,  parecían perfectas para acostar a la pareja Urdangarin, en la que todos pensábamos. Pero tampoco aquí hubo sorpesas.
La arenga navideña del rey fue un soberano coñazo.

  

22/12/2014   No todos los jueces son iguales

Ni todos los jueces son iguales ante la ley, ni todas las infantas son como la que el juez Castro va a sentar  en el baquillo  para juzgarla y condenarla  si no a prisión a la pena que merezca: una multa millonaria y el codiciado título de la infamia.

La Casa Real respeta la independencia de la Justicia, dice en un comunicado. ¡Faltaría más! Quienes apuestan por la longevidad de la Institución ya pueden tentarse la ropa si la infanta Cristina no renuncia inmediatamente a su derecho dinástico. O si su hermano Felipe VI no se lo quita de un plumazo. Lo mismo tendría que hacer con el ducado de Palma que su padre cazador le otorgó, a ella y a su esposo corrupto, por el morro.

  

20/12/2014 (13:43)  Sí, amigos hasta la muerte

Aunque son escasas las apariciones de Umbral y Vicent en el libro de Gregorio Morán (El cura y los mandarines, 2014) parecen más que suficientes para sepultar cualquier interés que puedan suscitar todavía estos dos columnistas, uno físicamente muerto y el otro intelectualmente agonizante.
¿Qué interés puede tener lo que hoy escribe en El País Manuel Vicent sobre Francisco Umbral? El mismo interés que lo que habría escrito Umbral sobre Vicent: ninguno. Se despreciaron en vida pero ahora, por alguna razón extraña, quiere el vivo  aparentar admiración por el muerto. Es de risa.
Es un ejemplo de un  periodismo marchito que pasamos por alto como los anuncios o las esquelas de productos y firmas  invendibles.
No hay renovación, luego no hay posible vida. Seguimos  en  la mediocridad y la desvergüenza.
Que no lamenten una falta de publicidad o de ayudas oficiales. Ni con ellas, la Prensa que aún existe puede recuperar  la credibilidad ni los lectores que va perdiendo.

  

19/12/2014 (12:45)  Somos casi perfectos

Se ve venir. El Gobierno del PP cambia de pelaje. Quitan de un plumazo al fiscal general, que parecía imparcial, y proponen a una de las suyas para frenar el despeñamiento carcelario de los corruptos del partido. Bárcenas será nombrado ministro de Hacienda. Ana Mato ocupará la vicepresidenta cuando la actual sea elevada, en todos los sentidos, a la poltrona de Rajoy. Pero el ministro de Economía cederá muy pronto a Blesa la cartera y lo que este exija. El ministro de Justicia –antiguamente se llamaba de Gracia y Justicia- ofrecerá a la nación su primer afeitado y su última sonrisa Nada de todo esto es un chiste. Va  a ocurrir muy pronto. De la noche a la mañana. En cuanto la muerte (política) de Rajoy sea una realidad certificada por el forense de SM el rey.  El gallego es puro chapapote. Longevo. Y  enterrará al más estúpido de sus gabinetes en la fosa común de las mentiras.
La comitiva fúnebre de Mariano Rajoy es como Rajoy: son plañideras mentirosas.  Si  algún día tuviera que decir la verdad Rajoy, no lo conseguiría. Tendría que echar  mano de algún asesor de la verdad, un cargo  inexistente en la Moncloa.
¿Cómo va a sorprendernos  que el nuevo portal de la transparencia del Gobierno no reciba ni siquiera medio centenar de visitas al día cuando este portal es un alarde de opacidad y un modelo laberíntico dela informática?  Es  una burla más de los gobernantes. Un gasto innecesario que sigue tapando la corrupción y los abusos del poder.
La oposición, por su parte,  es incapaz de darle un vuelco al electorado. Unos y otros intercambian mentiras. España está unida por la mentira.
Salimos de la crisis y ahora soñamos con el paraíso de una nueva burbuja pero ya  contamos con la experiencia de las anteriores. Vamos de burbuja en burbuja, como los niños que revientan las pompas efímeras de jabón y son felices vindo su total extinción. Se conforman con eso. Poca cosa, la verdad.  La virtud de los españoles es el conformismo de corte infantil. Sólo de uvas a peras lanzamos una blasfemia, un escupitajo en mitad la calle o una colilla asquerosa a las puertas del hospital. Ya somos casi perfectos.

  

17/12/2014 (22:18)  El cura y los mandarines

Una de las peores figuras retratadas por Gregorio Morán en su libro El cura y los Mandarines es Pedro Laín Entralgo. Otra, que no se queda a la zaga, es Julián Marías. Ambos destacan por su cobardía. Ambos escurren el bulto cuando hay que dar la cara. Pero entendemos por qué:  ¿cómo van a dar la cara cuando no se tiene una sino múltiples y  grotescas  caras que más bien parecen caretas? Todo lo que relata Gregorio Morán en su documentado estudio (patético, abrumador y divertido) sobre los intelectuales españoles (1962-1996) y  los acomodaticios usos y abusos que hicieron de la política y de la cultura, no podemos ignorarlos a partir de ahora.
Hacía falta este  desenmascaramiento.  Tanto Laín como el filósofo a quien su maestro, Ortega y Gasset llamaba “Julianico”, salen muy mal parados en todas y cada una de las situaciones en las que son puestos a prueba.
Las autobiografías hacen trampas. Las memorias redactadas por ellos mismos, sus amigos, discípulos  o familiares, son incompletas y están amañadas. Por eso, y otras muchas razones, este libro ha sido ignorado  por el mandarinato político-cultural-empresarial que se ha perpetuado desde los años 30 del pasado siglo,  casta en el peor sentido de la palabra,  con un cinismo y una arrogancia a partes iguales.  
Falangistas o comunistas antes; franquistas luego y monárquicos de la dinastía Borbón –aunque algunos presumieran de haber sido “oposición silenciosa”– los mandarines y sus descendientes  profesan una fe ciega  en la mentira. Se salvaron gracias a la mentira, treparon por las escaleras de la mentira y serán olvidados por todo menos por sus propios embustes, su hipocresía  y su ambición desmedida, cuando lluguen a la pendiente del crematorio.
El libro de Morán reparte a diestra y snniestra las bofetadas a quienes no tienen ni capacidad ni argumentos para esquivarlas. Menos, todavía, para devolverlas. Saben que las merecen y que aún pueden recibir algunas más
Nosotros, los lectores, aplaudimos a Morán porque sabe cómo y dónde golpear. Y aunque le hayan puesto  toda clase de obstáculos, el libro llega al público muy a pesar de la mezquindad y de la torpeza de los medios (prensa, radio, televisiones) que controlan los mandarines que  silencian e ignoran lo que puede perjudicarles.   ¿Reseñará, por ejemplo, algún sesudo  crítico de El País estas 800 páginas? No lo creo. Miran hacia otro lado. Piensan:  que la gente se olvide.
Es lógico que Gregorio Morán  haya tenido dificultades para publicar la obra. El poderoso Lara (Grupo Planeta) le exigió  que eliminara determinadas páginas. No eran muchas. Pero eso es lo de menos. Para el autor son importantes. El  mandarinato, como relata en el prólogo Morán, presionó al editor. O aceptas o el libro no sale. Entre los beneficios de editar el diccionario de la RAE y de venderlo a 100 euros, y venderte a tí, admirado Morán, me quedo con la RAE. Te  metes demasiado con su director, buen amigo de la casa.
El libro ha visto  la luz gracias  a la independencia de un editor (Akal) y a la negativa del mismo autor a ser censurado. Hasta ahí podíamos llegar.
El cura, como pueden imaginar, es el ya fallecido duque consorte de Alba, el ex capellán Jesús Aguirre. Los mandarines son ese nutrido pelotón de intocables, incluso despué de muertos, muchos de los cuales  figuran en el indispensable  índice onomástico, que actúa como un inmisericorde detector de explosivos.

  

09/12/2014 (02:09)  La desaparición de mi primo

Los personajes que aparecen en Molestia Aparte  II van desapareciendo. Murió El Persa. Murió  Robyn. Murió Reyn . Pero el último  ha sido mi primo Juan Carlos,  apodado unas veces Ojosbel y otras  Mataputas. Lo primero porque sus ojos eran preciosos y sus pestañas  rizadas, muy femeninas.  Lo segundo porque en su juventud se pegó un leñazo al volante de un  coche descapotable acompañado por una prostituta y esta saltó por los aires y  perdió la vida en el aterrizaje. La sociedad sabe cómo colgarle a uno el más cruel sambenito.
Mi primo murió la pasada noche. Anoté algunas cosas en mi Diario porque de los muertos conviene ocuparse cuando aún están calientes. De lo contrario también las palabras se agarrotan a la vez que el cadáver.
Cuando mi padre murió al cambiar el siglo, mi hermano lo retrató  todavía con el pañuelo anudado bajo el mentón. No sé por qué lo hizo. Pero lo hizo. Luego me envió esa macabra foto por correo.
Ahora, en cambio, tengo a mi lado una foto agradable en la que estamos  los primos alineados de mayor a menor, todos con gorros blancos de marinero yanqui en la cabeza. El mayor es precisamente el que ha muerto. Tiempo atrás me confesó, y así lo relaté en Molestia aparte II, que había sido muy afortunado porque  se había follado a un montón de tías  buenas a lo largo de toda su vida. Auténticas bellezas, insistió nostálgico.
Este primo mío creía en Dios y en las Mujeres, una combinación teológicamente equilibrada. A  diferencia de su hermano Tonino, no  adoraba el dinero.  Al morir pesaba 54 kilos. Estaba consumido. Sin ganas de continuar viviendo. Aunque tampoco lo imagino impaciente por morir.
Me pregunto qué sentiría, a sus casi 80 años, cuando oyó los pasos de la muerte  avanzando por  el pasillo de la residencia de ancianos. ¿Sentiría pánico?
No puedo imaginarlo temblando de miedo  porque no era un hombre miedoso. Al contrario. Era peleón. Incluso pendenciero. Era insensato. Recibió más de un navajazo en la garganta. No escondía las cicatrices. Le daba igual  enfrentarse con un chulo barriobajero que con un señorito con guardaespaldas. Este primo mío vivía de espaldas al miedo.
Como todas las personas temerarias no murió en una reyerta sino en su propia cama y rodeado por su familia. Es lo que consideramos una buena muerte.
Viendo en este instante la foto en la que estamos alineados los marineros como si algún almirante fuera a ponernos condecoraciones, me llama la atención el rostro ya desafiante y algo altanero de mi primo retratado en 1945. Y me  pregunto quién de todos nosotros, asustados ante la cámara,  le seguirá en el naufragio.
¿Será su hermano Tonino, un año menor que él? ¿Será mi  hermano Pedro, un año mayor que yo? ¿O tal vez yo?
No se aceptan apuestas. Sería ilegal y los viejos debemos afrontar el fin  sin vulnerar la ley y sin hacer trampas para alterar el orden cronológico que rige esa misma ley de vida.
Y dicho esto,  es probable que el próximo en caer no sea todavía yo. Aunque tampoco me importaría ser yo si alguien me cede el paso y le llevo la delantera.

  
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