Escritura interior
 
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31/12/2011 (14:45)  No es lo mismo gritar que actuar

Más que un descontento general lo que existe en este momento en España es un descontento generalizado, que no es lo mismo.

Más que gobernantes tontos, los que tenemos ahora como los que tuvimos hasta hace poco, son gobernantes entontecidos.

¿Y nosotros, los gobernados? ¿Qué somos?  

No pasamos de ser ciudadanos poco exigentes, que tampoco es lo mismo que decir que seamos tolerantes.

Ante todo, los españoles somos inconstantes, mansos y perezosos siempre proclives a la pasividad que acentúa nuestro pésimo humor, cuando no nuestra banal y hostil intemperancia.

Quien proclame lo contrario debería demostrarlo. Sobran motivos (la corrupción, el fraude, el nepotismo) pero  falta  el valor de actuar en lugar de gritar.  

  

31/12/2011 (09:50)  Nuevas medidas

¿Para qué apretarnos el cinturón cuando las nuevas medidas económicas del  gobierno pretenden bajarnos los pantalones?

  

30/12/2011 (13:18)  Qué razón tenían...

Tenían razón quienes pronosticaron que la invasión de Irak provocaría una guerra civil. Esa guerra ya está empezando y ahora los EE UU suministran –cómo no- armamento a una facción.

El negocio bélico beneficia a los artífices de aquella sangrienta invasión ordenada, impulsada y dirigida por George Bush.

De manera que los objetivos se cumplieron dejando cadáveres en el camino hacia una victoria que no ha sido militar, sino escandalosamente económica.

 

  

29/12/2011 (10:00)  Ejercicio de transparencia

No sé si las cuentas del rey son como las del Gran Capitán porque nunca entendí el significado de esas cuentas, aunque sospecho que se llaman así por su falta de rigor y su excesivo abultamiento.

Pero da igual. Las cuentas de la Casa del Rey me traen sin cuidado. Me pasa como con el rey mismo, que ni me va ni me viene. Yo no lo he elegido. Si alguien lo hizo fue el dictador Franco y, dentro de lo que había disponible, al parecer era lo mejor que merecíamos.

Me importa, en cambio, y mucho, que sea quien sea el que esté en lo más alto del poder reduzca sus gastos como se nos fuerza a reducirlos al resto de los españoles. Sospecho que, por ejemplo,  muchos de los viajes de la Casa Real podrían y deberían reducirse. Se trata de gastos que no los paga la Casa Real con la asignación anual que recibe de los fondos públicos, sino que los paga el Gobierno (a través de los distintos ministerios), es decir, lo pagamos también entre todos.

Al final, los gastos del rey, de sus parientes y de su servicio doméstico no son tan baratos como pretenden hacernos creer comparándolos con los de otras monarquías sean europeas, asiáticas o africanas.

El rey sabe perfectamente  que tal como van las cosas, debe recortar lo que buenamente pueda recortar, no de su asignación de más de ocho millones de euros anuales sino de los gastos que sufragan otros organismos públicos y cuyo montante no conocemos al detalle.

 

Por supuesto no es un consuelo popular convertir al monarca en un sujeto menesteroso, pero sí puede serlo bajarlo de ese pedestal de lujo y de altivez que lo distingue.

Todos sabemos que el lujo es parte de la realeza, como lo es del papado. El rey va en Rolls  negro y se cuelga del cuello el toisón de oro, y el Papa va en berlina acristalada blanca y se cuelga del cuello la gran cruz de oro igualmente macizo, como corresponde a  criaturas igualmente macizas, inviolables e intocables.

Los políticos aplauden este ejercicio de transparencia de la Casa del Rey. ¿Qué quieren decir exactamente? ¿Por qué hablan de un ejercicio como si se tratara de un levantamiento de pesas en el gimnasio?  ¿Por qué aplaudían hasta ayer lo contrario de la transparencia? ¿Por qué nadie exigió al rey que fuera un rey trasparente?

 Los políticos han perdido credibilidad y muy pocos –casi ninguno- es transparente.

No debemos aplaudir a los políticos que aplauden al rey sin otros  motivos o méritos personales para hacerlo fuera del hecho fortuito o hereditario de ser rey. Y no debemos aplaudir ni a uno ni a los otros cuando este gobierno ultraconservador anuncia la congelación del salario mínimo.

¿No será oportuno que nos preguntemos si el  salario de los políticos que nos gobiernan es mínimo, si es mínimo el salario de los políticos de la oposición, o el salario de los dirigentes sindicales?

Y también es oportuno que nos preguntemos si el salario del rey que predica ejemplaridad en todas las instituciones, sin excluir a la monarquía salpicada de escándalos de corrupción, es un salario mínimo. O más bien se trata de salarios máximos y gastos ofensivos que no deberíamos permitir.

  

28/12/2011 (12:10)  No sólo ha muerto Chita

Ha muerto Chita, la mona de Tarzán y la mona de mi infancia. No sabía que estaba todavía viva. Ignoraba que tuviera 80 años. Tampoco la imaginaba muerta. Pensaba que seguía en la selva y que nunca desaparecería. Dicen los que la cuidaban en California  que murió de insuficiencia renal. No me interesan los detalles que la llevaron a la tumba. Para mí, Chita es inmortal. La tengo asociada a un cine de Valencia que se llamaba el cine Actualidades. Estaba en la plaza del Caudillo, que ahora se llama del Ayuntamiento. El dueño del Actualidades era un jorobado que se sentaba en una de las tres butacas que había junto a la taquilla. Butacas de cine, es decir, juntas y con el asiento plegable, como las del interior.

El interior era pequeño. Se accedía por dos puertas que estaban a ambos lados de la pantalla. Entonces las pantallas de los cines no eran grandes. No existía el cinemascope. Y además el cine Actualidades estaba especializado en poner películas viejas y documentales. El No-Do, las del Gordo y el Flaco, las de Charlot y otras del Hombre Invisible que llevaba un medallón al cuello y cuando oprimía ese medallón se hacía invisible.

Yo iba al Actualidades una vez por semana. Casi siempre con mi hermano. Era más barato que los demás cines porque nunca estrenaban nada. Y porque el jorobado que regentaba ese cine no era avaricioso. Prefería ganar menos pero tener siempre espectadores, desde la mañana hasta la noche. Era un cine de sesión continua. ¿Qué precio tenía la entrada? Quizá dos o tres pesetas. Una risa. Y lo cierto es que a menos que pusieran películas de miedo, el programa del Actualidades era para todos los públicos, películas cómicas o de dibujos animados. Eso sí,  los mejores  documentales eran los de la Guerra Mundial que acababa de terminar hacía cuatro días, en 1945.

A veces, el jorobado compartía las tres butacas junto a la taquilla con un par de amigos. Uno era un hombre descomunal, de esos que apenas caben en una butaca, mientras que el otro era un tipo que vendía lotería y llevaba una especie de racimo de  uvas negras pegado a la cara. Por lo visto ese racimo, lleno de sangre, no se lo podían cortar. Así que el pobre hombre se paseaba por la ciudad vendiendo lotería y enseñando un rostro que inspiraba compasión.

La cajera que vendía las entradas nos conocía a mi hermano y a mí. Siempre tenía una palabra cariñosa. Y aunque entonces nos parecía normal que estuviera metida en aquel cuchitril de madera con un cristal perforado como los de las ventanillas de los Bancos, ahora su encierro me parece además de grotesco inhumano.

Lo que pasa es que entonces, hacia la mitad del siglo pasado, ser cajera de un cine o de una tienda, o de un café como el Royalty, era un empleo muy respetable y apetecido. Las cajeras engordaban por días. Un día, pensaba yo, llegará a explotar la cajera de Montañés, que era un comercio de tejidos. Todas ella tenían siempre monedas y billetes en las manos. Y daban la impresión de estar satisfechas, incluso de ser dichosas encerradas en sus urnas. Cuando una cajera moría, corría la voz por toda la ciudad. Da pena ahora pensar que sus vidas fueron  lastimosas, y que la muerte las liberaba para siempre de aquella angustiosa inmovilidad que exigía su oficio.

Hoy me da pena no tanto la muerte de Chita, la mona que Tarzán llamaba con su grito inolvidable, como la vida que le tocó vivir en Hollywood, seguramente explotada.

Cuando recuerdo el cine Actualidades pienso que mi infancia, con mi hermano un poco más mayor que yo,  fue feliz. Y en parte (sólo en parte) lo fue, de eso no tengo la menor duda. Y si fuimos felices yendo juntos mi hermano y yo al Actualidades, casi todas las semanas, entrando por la puerta de la derecha junto a la pantalla, y saliendo por la puerta trasera que daba a un callejón, esto quiere decir que debemos agradecer al jorobado, al amigo que fumaba ideales (unos cigarros amarillos) y al otro que llevaba a cuestas el racimo de uva negra en su rostro y vendía lotería, a los tres les debemos mucho: ellos mantenían abierto el cine Actualidades,  y por eso hoy los recuerdo con añoranza. Claro que eran más viejos que Chita. Y también murieron. Y de ese modo  se liberaron de la carga injusta que les acompañó a lo largo de sus vidas: la joroba, la gordura, las uvas de sangre en la mejilla.

Más tarde, cerró el Actualidades para siempre. Ahora, allí mismo hay un café de franquicia, de los que imitan con la decoración a los cafés de otros tiempos.

  

25/12/2011 (15:01)  Es natural

Es natural que la sociedad reaccione, ha dicho el rey de esta monarquía paquidérmica que nos hemos dado, al referirse a las conductas que no son ejemplares entre quienes detentan altos cargos en las instituciones.

No esperábamos que el Jefe del Estado fuera más allá. Es decir, explícito. Podemos entender que se refería a los corruptos presidentes de algunas comunidades autónomas, o a su yerno empleado por Telefónica en Washington, o  a otros familiares o amigos de éstos cercanos a la Corona.

Todos somos iguales  ante la ley (a excepción de Su Majestad, dijo S.M. el rey), de manera que los que infringen la ley deben ser  juzgados y castigados. No sé si añadió ejemplarmente.

El mensaje de Juan Carlos I de España podría haberlo pronunciado cualquier inviolable Jefe de Estado en cualquier monarquía o república bananera, donde la ley se la saltan a la torera los poderosos.

Pero aquí es otra cosa. Y por ello es natural que la sociedad reaccione, aunque sin pasarse, pudo añadir el monarca.

¿Cómo no va a ser  natural que aceptemos con naturalidad las palabras de un señor con semblante triste, malhumorado, fatigado y quizá harto de representar el anacrónico papel que la historia le asignó?  

  

24/12/2011 (13:15)  Un mensaje sin mensaje

Las emisoras de radio especulan ya de buena mañana sobre el mensaje navideño que pronunciará el rey esta noche. ¿Dirá algo sobre el escándalo de Urdangarin?  ¿Pasará por alto ese engorroso asunto a pesar del interés que ha merecido?

Estoy seguro de que el rey no dirá nada a lo largo de su alocución y ese silencio, aunque decepcione a muchos, garantizará que todos escuchemos íntegro el mensaje, por si acaso dedica una de sus últimas frases a la corrupción tan generalizado en nuestro país.

No es un buen trago para el rey ocupar este año unos minutos la pantalla de los televisores y entrar en los hogares del pueblo imaginando que pueden pitarle, abuchearle o burlarse de él.

Aconsejo la lectura de un artículo publicado en la edición española de Le Monde Diplomatique  en el que, sin cortarse un duro, se detallan numerosas corruptelas y conductas bochornosas de la actual monarquía. No queda excluido el monarca. Muchas historias las conocíamos. Otras no, pero ya no nos sorprenden en este momento. ¿Se salva alguien en la Zarzuela?

Sigo creyendo en la oportunidad de que Juan Carlos I de paso al heredero y lo haga cuanto antes. Por poco que pinte un rey en una democracia moderna sin nostalgia monárquica y sin respeto alguno a una institución que se perpetúa genéticamente, sigue siendo el Jefe del Estado. Una especie de ciudadano que no es, ni puede ser,  un ciudadano porque goza de impunidad. Esta reliquia del pasado quedó trasnochada y su cercanía, si acaso existe, se debe a la publicidad comercial de un producto que puede tener sus días contados.

 

 

 

 

  

22/12/2011 (19:18)  Trillo, G.Pons, Cospedal

A Trillo, Cospedal y González Pons no los vamos a ver, de momento, donde más temíamos verlos: en el primer gobierno de Rajoy.

Pero los madrileños habrán de soportar a la esposa de Aznar, inspectora de Hacienda, al frente del Ayuntamiento. A esta señora la conocí en su casa cuando estuve un par de veces para entrevistar a su marido. Se recostó en el sofá y me dijo que José María la sacaba de quicio cuando decía: “Ana, hoy te he puesto la lavavajillas, voy a hacerte el café, ayer te recogí la ropa y te la metí en la lavadora… y yo me pregunto, ¿es que cuando hago cualquier cosa le digo a él “te hago esto o lo otro”?  Las cosas que hace él, aunque sean cosas para los dos, parece que las hace únicamente para mí. ¿Qué te parece esto? ”.

A mí me parecía que Aznar era un alumno del colegio del Pilar algo machista, pero no hizo falta decírselo a la señora Botella. Lo dijo ella con la rotundidad propia de una mujer sincera y autoritaria. Entonces no desempeñaba todavía ningún cargo público y su marido sólo era el candidato del PP para las elecciones.

Mientras Aznar me pareció desde el comienzo un tipo duro, ambicioso, innecesariamente pelota y algo embustero -como escribí en mi entrevista que, naturalmente, le molestó- ella daba la imagen de la sacrificada ama de casa de clase media, aunque con aspiraciones a algo más.  

Pienso, pues, que ejercerá el cargo de alcaldesa enemiga del derroche. Su escuela (y los tiempos) no le permitirán ser de otra forma. Su escuela no es la de Rita Barberá, la varonil despilfarradora de las arcas municipales que apoya a Francisco Camps, otro manirroto de parecida especie.

Pero de Camps es mejor olvidarnos como él se ha olvidado de sus trajes y de sus reiteradas mentiras: ¿juró acaso ante Dios decir la verdad?

Ana Botella hereda infinidad de abultadas facturas por pagar de su antecesor, Ruiz Gallardón, ahora ministro de Justicia. En tiempos de la monarquía, ese ministerio se llamaba de Gracia y Justicia. La gracia la perdió por completo y la justicia va camino de perderla. Gallardón, eso sí, hará su trabajo como lo hace todo, pulcramente, con la habilidad y el sigilo del ratero que se pone guantes para no dejar huellas. Cuando hace años el periódico El País entrevistó a Gallardón hizo un alarde de astucia ante el fotógrafo: se sentó en una butaca, cruzó las piernas y mostró distraídamente  el agujero de las suelas de un zapato, aunque no recuerdo si del derecho o del izquierdo.

Gallardón toca el piano, desciende de un músico famoso, tiene los modales de un aristócrata y siempre que pronuncia un discurso, por poca que sea su importancia, declama el texto a la vieja usanza, como los rapsodas de antaño.

Me pareció siempre viejo aun siendo joven. Y sospecho que cuando se haga viejo de verdad, parecerá lo contrario.

  

17/12/2011 (14:18)  El pez grande se come al chico

Cuando cayó CNN+ ya era previsible que Telecinco  acabaría comiéndose a la Cuatro y que Antena 3 absorbería a La Sexta (con Wyoming dentro) y que, con toda probabilidad, El Intermedio se convertiría en un programa satélite de Inter Economía.

En cuanto a La Primera de TVE no aguantará el zarpazo del PP. Meterán anuncios y dejarán sin escamas al besugo público que con tanta dificultad nadaba en aguas limpias y libres.

 

¿Merecemos estas cosas?

 

El charlatán José Bono, rancio presidente del Congreso, ese hombre que anuncia que se va y nunca lo hace, pierde la pecera en la que entra el buceador Jesús Posada: ambos pertenecen a la misma especie de merluzo congelado.

 

Bajo la tutela de un Jefe de Gobierno sin carisma y  de un Jefe del Estado que bracea a duras penas en un mar de corrupción, los españoles vivimos un naufragio económico y moral de armas tomar.

 

Pero ¿quién va a tomar las armas?

 

  

15/12/2011 (23:01)  Como si fuera hoy

 

Que el rey felicitara, como lo hizo, a Putin por el éxito de la operación antiterrorista en el Teatro de la Muerte es algo  incomprensible. ¿Tan mal informado está el monarca? ¿No pensó que era más que suficiente la extemporánea felicitación de Aznar?

A nadie se le ocurre aplaudir una acción brutal y desproporcionada en la que el antiterrorista mata tanto como el terrorista. El uso de un gas venenoso acabó con un largo centenar de secuestrados. Y los otros fueron rematados con un tiro en la nuca. 

(Diario, 31 de octubre 2002)

  
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