Escritura interior
 
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17/08/1965   Generación del 98

Vino a la librería un capitán del Ejército que debía tener unos 50 años. Pidió un libro que había expuesto en el escaparate, un libro de Unamuno titulado La agonía del cristianismo, y comenzó a hojearlo. Cuando al parecer ya supo algo sobre el contenido de la obra me preguntó si estaría íntegramente editada y le respondí que la editorial, siendo Sudamericana, no debe tener razón para suprimir ningún capítulo. Sin embargo él sospechaba lo contrario porque insistió repetidas veces sobre ese detalle. Por fin el tipo se dio a conocer. Nada menos que acusó a la generación del 98 de haber sido la causante de un millón de muertos en España; es decir de la guerra civil.

  

05/06/1965   Sin amor

Copular sin amor es como carcajearse uno solo a oscuras.

  

04/05/1965   Epitafio

Quizá, este epitafio: “Buscaré en tu silencio, escucharé mi voz como algo tuyo”.

  

25/01/1965   Pueblo de piedra

Albarracín, un pueblo austero, un pueblo de piedra y calles muy estrechas. El silencio deja oír el paso del agua del Guadalaviar desde cualquier rincón del pueblo. La inscripción que hay en la fachada del número 24, junto a la Catedral: “La resurrección de España sólo se alcanzará con la vida y fortaleza de la Falange”.

  

20/04/1964   Anorexia de Gide

La conducta de un hombre que siente la muerte como algo inmediato. Algo parecido a lo que uno hace la víspera de un viaje del que tiene la certeza de no volver. Esta idea surge de las páginas en las que Gide habla de su anorexia, en Ainsi soit –il.

  

24/07/1963   Neurosis

Para transcribir el mundo excepcional de la neurosis habría que entrecomillar cada palabra.

  

14/06/1963   Disparo

Cerca de casa, a un lado de la carretera, veo un perro enfermo. Es pequeño y feo. Mira con expresión atemorizada. Sabe por qué. Tengo ahora la escopeta entre mis manos, veo sus ojos inmensamente abiertos, doloridos, brillantes, fijos en los míos. Le acaricio la cabeza. Luego, regreso a mi arma y, recostando algo más su cuerpo, desvío su cabeza hacia el mar, acerco el cañón, me tiemblan las manos, siento palpitar la sangre detrás de mis oídos. Pienso en su sangre, la sangre del perro que veré enseguida. Quito el seguro. Disparo. Solo dos estremecimientos...

  

10/06/1962   Pánico

Un trabajo para diez días, bien pagado y en cierto modo interesante. (Congreso Internacional de Tribunales de Cuentas). Viene un ministro español, un tipo enano y engreído. Debo atenderle. Lo acompaño a una entrevista en un palacete oficial. Traduzco las cuatro cosas que entiendo, lugares comunes, para su homólogo. Es una farsa. Invento. Por qué no. Pero se produce un incidente durante la cena de clausura en Badem, donde me habían encargado traducir un discurso del alcalde. Entonces me entra el pánico. Me encierro en los lavabos. Oigo cómo repiten mi nombre por los altavoces: “¡Herr Carrion, herr Carrion!” Llaman a la puerta. No me muevo. Cuando se hartan de buscarme oigo al fin la voz de una mujer que me sustituye. Lee la traducción del discurso del alcalde que yo me sabía de memoria. Nunca mas, me digo. Hecho polvo. ¿Para esto me sirve el psicoanálisis? ¿Qué hago aquí?

  

09/05/1962   Engaño

Busco trabajo. En el Kourier (sin más pretensiones que repartir periódicos), en varios clubs de tenis, en la hípica, en una gasolinera. En la hípica me ofrecen 8.50 chelines la hora, de 7 de la mañana a 4:30 de la tarde. No me decido, pusilánime. Como siempre. Pongo anuncios en varias oficinas de la Universidad, la Escuela de Comercio, en restaurantes del barrio, en el tablón de la residencia. Me ofrezco para dar clases particulares de español. Sé que todo esto es un engaño. Me toca guardia en la centralita de teléfonos, en la residencia.

  

10/12/1961   Habitación 430

Con Inge. Cenamos en un Höering cerca del hotel Am Stephansplatz. Bebimos. Los bosques de Viena nevados. Le propongo pasar la noche juntos. "No, no, es muy tarde y además nos conocemos desde hace muy poco. La próxima vez", añade. La llevo, contrariado, a su casa. Lo hago por el Pratter. Allí, ambos lo sabemos, actuaremos como fieras que se devoran. Al despedirnos la beso en la frente: "Somos seres humanos, olvídalo”, dice. Seilerstatte 30. El ascensor; el pasillo, la habitación 430 -mi cama, la pared amarilla, el armario estrecho y gris, la mesa, la estantería repleta de libros, mis libros- todo igual que hace ocho horas.

  
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