Escritura interior
 
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14/12/2011 (17:10)  El lío del señor Camps

¿Qué clase de persona, vegetal o fósil  es este ex honorable presidente de la Calamidad Valenciana? ¿Y si no está en su sano juicio?

Puede ocurrir que en el transcurso de estas vistas ante el Tribunal que pretende juzgarlo no quede más remedio que remitir el caso al forense para que éste dictamine si, como yo sospecho, el señor Camps sufre un trastorno mental (y emocional) desde la visita de Su Santidad el Papa a Valencia.  Las secuelas de ese tipo de evento son duraderas.

De manera que habría que pedir la comparecencia del Papa Benedicto XVI como testigo en la causa abierta contra Camps y su compinche Costa, para que se persone cuanto antes y despeje la principal duda: ¿Fue elegido por el Vaticano el alienígena Camps, a quien sus allegados llaman el curita, como chivo expiatorio de unos escándalos que apuntan más Alto?

Este curita dice que el asunto de los trajes y sus relaciones con la trama  Gürtel es un lío.  Por lo visto nadie le ayudó a desembrollarlo. Lo cierto es que lleva razón ya que se trata de un lío monumental fomentado por él, su partido político y sus prestigiosos abogados.

Así que no debemos ver en este sujeto trastornado mas que alguien que ha sido manipulado y programado por sus defensores y amigos que lograron sumirlo en la demencia, pues propio de dementes es confundir verdad y mentira, fantasía y realidad, bondad y maldad, cinismo e inocencia, groserías y cursilerías pronunciadas por la misma boca.

Camps es un caso digno de estudio no tanto por parte de juristas o economistas (que ya deben tener el asunto bastante claro) como de sociólogos, psiquiatras, psicólogos e historiadores interesados en el estudio de la megalomanía en sus manifestaciones de mayor patetismo. Camps es patético. 

Y demás es una representación pulida y trajeada de criatura extraterrestre propensa a oir voces del más allá, a ver al Pontífice bendiciéndole en el cuarto de baño donde en verdad sólo hay un desdichado sastre tomándole medidas. Se encomienda al Todopoderoso para que le suministre esta fortaleza  desquiciada de la que hace gala, y compone un gesto de mártir cristiano en el circo al que lo arrastraron los enemigos para inmolarse, qué remedio,  entre el jolgorio general.

Hay que exculpar a Camps. Hay que declararlo inocente y pagar sus trajes y no pedir recibos ni justificantes de ningún tipo, en ningún momento, dado que este caballero de la triste figura  es  un nuevo San Martín que parte con su espada en dos la capa desde la montura de su caballo, y entrega la mitad al mendigo tembloroso de frío.

El señor Camps es santo y mendigo. 

Lo vemos bajar a diario del utilitario conducido por su astuto chofer Juan Cotino, y lo imaginamos  intercambiando jaculatorias durante el extenuante trayecto desde su domicilio al Palacio de Justicia: ¡Virgo Potens! ¡Virgo Clemens! ¡Virgo Fidelis! ¡Estella Matutina!

Qué pena me dan, uno y otro.

Pero compadezco todavía más a los miembros del jurado popular que deben emitir su fallo absolutorio o condenatorio cuando estos mismos miembros ya están, si no al borde del suicidio, muy cerca de él. Cabreados o embrujados por la extenporánea locuacidad  de un loco que alucina, capaz de pronunciar frases soeces y malsonantes (te quiero un huevo) pero también de hincarse de rodillas ante el rostro del presidiario Correa, amigo que fue de Aznar, otro nazareno incomprendido, cargado con su propia cruz.

  

14/12/2011 (11:45)  Adiós a Revista de Libros

Cierra Revista de Libros al cabo de quince años de vida. La financiaba Cajamadrid. Ahora la deja caer.

Lo siento, no tanto por la colaboración que mantenía con ellos, reseñando libros, como por ellos, los que trabajaban en la redacción de esta revista, que pierden su trabajo pese a haberlo desarrollado magníficamente.

Y lo siento, desde luego, por los libros.

Corren malos tiempos para el mundo de los libros, de las publicaciones periódicas, esa parte indispensable de la cultura. Las grandes pero  sobre todo las pequeñas empresas editoriales no pueden soportar el peso de la crisis económica. A muchas las veremos primero languidecer y luego, de la noche a la mañana, ya no las veremos. 

Todo este infortunio escapa atomizado hacia Internet, un espacio invisible que más y más se parece a un inmenso campo de refugiados.

Al menos, ese espacio virtual existe y aseguran que abre insospechadas posibilidades que, eso sí, exigen la muerte de todo lo anterior.

 

  

11/12/2011 (12:02)  Una broma pesada

Me gusta el artículo de Victoria Prego publicado en El Mundo a propósito del cañonazo que Urdangarin ha dirigido a la Familia Real.

La lectura de este artículo ha reforzado mi convicción  de que un monarca como el nuestro, estampa de un Rey Herido, debería abandonar la Jefatura del Estado para que lo sustituya su heredero, un hombre que no procede del franquismo, casado con una periodista nieta de un taxista de Alicante.

Estoy de acuerdo con algo que dice Victoria Prego en su columna: el principal perjudicado del caso Urdangarin  no es tanto el rey como Felipe.

El rey ha perdido facultades. Su salud, los accidentes domésticos y el desgaste familiar saltan a la vista.

Por otra parte, la sociedad actual está sumida en una doble crisis económica y de corrupción sin precedentes.  Los jóvenes  sin empleo o con trabajos precarios no tienen por qué aguantar esto. Todos estamos indignados. Así que difícilmente  van a respetar a un Jefe del Estado cuando entre golosinas y adornos navideños suelte desde su palacio un discurso edificante que, en el mejor de los casos, parecerá hipócrita y, en el peor,  un ejercicio oficial de cinismo intolerable.

Que pase el escándalo Urdangarin cuanto antes, que lo imputen, lo juzguen y si llega a ser condenado a una pena de cárcel, que la cumpla. Que devuelva no sólo el dinero estafado sino el título de duque de Palma que le fue otorgado por su bonita cara.

Hace varios años el rey denunció en el mensaje navideño la corrupción rampante  en nuestro país y apeló a la justicia para acabar con ella.

Si sigue pensando lo mismo que entonces, que lo repita: aplaudiríamos el auto plagio. Si se ha vuelto tolerante con los corruptos, también debemos saberlo, y no sólo deducirlo por su silencio.

Este año debería el rey escuchar el mensaje del pueblo. Es un mensaje claro y breve: cuando una Familia Real pierde credibilidad y su conducta se vuelve confusa e indeseable, lo mejor que puede hacer esa familia es largarse con la música a otra parte, como ya han hecho, por el momento, Urdangarin, su esposa y su descendencia.

 

  

09/12/2011 (11:27)  Pilar Donoso

Correr el tupido velo es un libro estremecedor. Imagino a su autora, Pilar,  la hija  de José Donoso, sumida en la espeluznante  lectura de los diarios de su padre que mantuvo secretos durante toda su vida, en realidad su doble vida: una expuesta al mundo y la otra, sin la que la primera es incomprensible, oculta a todos.

Esta biografía, culminada espectacularmente con el suicidio de la autora, es un ejercicio de valor y de integridad personal infrecuente. Se trata de una escritura ejemplar, no sólo conmovedora. Y me imagino que vivir después de haber dejado ese medio millar de páginas dolorosas e insuperables, incluso desgarradoras en los escasos momentos en los que hay un atisbo de humor, me imagino -digo- que después de hacer ese trabajo sucio limpiando de fantasmas la memoria,  es imposible no quitarse la vida. Pilar muere asfixiada por el recuerdo del padre que la adoptó, y aquí no es un hijo quien mata al padre para sobrevivir, sino el padre quien mata al hijo para evitarle mas sufrimientos.

 

  

08/12/2011 (12:41)  No es un estafador más

Urdargarín no es un presunto estafador más. No es otro Correa. No tiene ayudantes con bigotes. No corrompe a políticos puros y angelicales. Va a por los que ya picaron el anzuelo de la marca Gurtel. Es decir, Matas, Camps, Barberá y algún otro. Todos tienen juguetes, bolsos de marca, trajes a medida, palacetes restaurados. Aún así, esperaban al encantador de serpientes, ese yerno del rey tan educado y  buen deportista para tener más.

Y llega el chico con su mejor sonrisa y la mete doblada a todos los implicados que entregan babeantes grandes sumas de dinero público como si fuera calderilla. ¿Quién no desea quedar bien con la Primera Familia, aunque sea a costa de los contribuyentes, dejándose estafar por el titular de una fundación sin lucro, sin corruptelas, con las garantías que ofrece alguien que no necesita acreditar su intachable honradez, casado con la hija guapa de los reyes de España?

Pero se tuercen las cosas. Igual que existen estafadores tontos del culo, hay estafados igualmente tontos del culo. Tal para cual. ¿O acaso no son tontos esos personajes que, desde sus cargos públicos, dieron pasta por un tubo a los avariciosos insaciables? Así que los contratos a dedo merecieron que se les hiciera el dedo, y quien se embolsó un dinero ni siquiera lo dejó en España sino que, al menos parte de él, lo envió ilegalmente a paraísos fiscales. Cuentas cifradas con testaferros. Una conducta muy ejemplar.

Cabe preguntarse a qué espera el rey para salvar la cara, no la cara del yerno, que de eso se cuidan sus abogados, sino la propia. A qué espera el rey para retirarle el título de duque de Palma a un tipo como Urdangarín. ¿Espera a que los mallorquines exijan que no luzca ese blasón un hombre a quien van a imputar los juzgados en un par de meses, o tal vez antes?

Decir que las cosas de palacio van despacio es no decir nada cuando nos encontramos ante un caso que apesta.  No actuar es temerario. Si el Jefe del Estado no se entera, mala cosa. Aunque siempre sería peor que, estando perfectamente enterado, permaneciera mudo. El rey se la juega. Se juega que la carcoma del escándalo de corrupción convierta en serrín las patas del trono y se pegue un batacazo alguien que, salta a la vista,  no está para más caídas ni tropezones domésticos.

Sabemos que la reina estuvo hace una semana en la casa de su hija en Washington DC, dejándose fotografiar con Urdangarín y una sonrisa de a mí plim. Cada cual puede pensar lo que prefiera: que la reina respalda al supuesto estafador o que la pobre señora no alcanza a ver la  inoportunidad de esa visita. Y tal vez piensa que Cuando Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma.  También puede haber gente que califique esa visita, tal como están las cosas en nuestro país,  de insensata provocación.

Que alguno de los estafadores, con bigote o con título, vaya a parar en prisión importa menos que el hecho de que sean obligados a restituir lo que se llevaron del erario público. Y en cuanto a los empresarios que de su propio bolsillo pagaron un sobreprecio por servicios especiales del duque en espera de recibir otros favores, ya reclamarán lo que crean que deben reclamar, que a lo mejor es nada.  Pasarse de listo solo revela ser tonto. Pero ese es su problema.

Nuestro problema es más serio: fuimos víctimas de un robo con nocturnidad y alevosía. Esto hace que se nos empieza a nublar la vista cuando dirigimos la mirada hacia la idílica Zarzuela.

¿Qué puede decirnos en el mensaje navideño (españoles todos) cuando seguimos atónitos un folletón que salpica a la misma familia que dirige ese mensaje?

En cierto modo compadezco al monarca, aunque no demasiado. En su caso, yo hablaría claro o me colgaría del abeto como un adorno chino.

  

05/12/2011 (12:00)  El Monte de Piedad

Lo he contado alguna vez: mientras mi abuelo paterno, ex guardia civil, era vigilante nocturno de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Valencia, mi abuelo materno, ex director general de prisiones, era accionista y consejero  del Banco de Valencia. De manera que por parte de padre yo me sentí siempre pobre y por parte de madre me sentí siempre millonario.

Ahora no me siento nada. Todos ellos han muerto. Donde estaba el Monte de Piedad hay ahora una exposición de Sorolla. Donde estaba el Banco de Valencia hay ahora unos interventores del Banco de España viendo cómo salvar la institución cuyos gestores, director y consejeros, llevaron al precipicio.

Hace años en el periódico El País me pidieron que escribiera un reportaje sobre el Monte de Piedad, una tradicional macro casa de empeños abierta en el centro de Madrid, cuando si entregabas algo a cambio de ese objeto (joyas, cuadros) te daban una cantidad de dinero a modo de crédito. Si no devolvías en la fecha y con los intereses acordados el préstamo, el Monte de Piedad no tenía piedad alguna y se quedaba con la prenda empeñada: la subastaba. Y un día cualquiera podías encontrar la joya de tu bisabuela en la oreja de cualquier señora, generalmente una nueva rica.

Me pregunto por que regla de tres a los irresponsables banqueros, políticos y hombres de negocios que forman triunviratos de corrupción, no se les exige que paguen lo que han robado.  Los rescatan y, con algo de suerte, les imponen una multa que para pagarla no necesitan ir al Monte de Piedad dado que este monte se lo llevó por delante la excavadora de los grandes constructores.

En Valencia habría que pedir cuentas a la alcaldesa Barberá y al ex honorable Camps que derrocharon millones de euros que fueron a parar a los bolsillos de arquitectos famosos a cambio de proyectos insostenibles, a bolsillos de magnates del ladrillo, a bolsillos de delincuentes isleños como Jaume Matas,  o al bolsillo ducal de ese niñato insaciable emparentado con los Borbones, Iñaki Urdangarin.

Si mi pobre abuelo paterno, el vigilante nocturno de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Valencia, y mi rico abuelo materno, co-fundador y  consejero del arruinado Banco de Valencia levantaran la cabeza, quedarían sin habla entre todos estos charlatanes depredadores que nos rodean.

Cuando hice aquel reportaje sobre el Monte de Piedad, en Madrid, hace bastantes años, presencié escenas conmovedoras. Escuché historias desgarradoras. Me enteré del drama de tantas y tantas familias expoliadas por latrocinios como el perpetrado en su día por Mario Conde, desde el Banesto, donde fueron estafados miles de pequeños ahorradores. Y allí estaban algunos de ellos en las ventanillas del  Monte de Piedad tratando de sobrevivir dignamente, perdiendo sus recuerdos de familia sin derecho, siquiera, a soltar una lágrima.

  

30/11/2011 (15:00)  ¿Despedirlos a todos?

Si quiere evitar el rey que los españoles se carcajeen, se indignen, lloren o le hagan pedorreta cuando se dirija solemnemente al pueblo en su mensaje navideño, antes deberá explicarnos qué juicio le merecen las tropelías financieras de su yerno Urdangarín, duque de Palma.

Porque si espera el monarca a que la Justicia se pronuncie, también podemos esperar un año  sin escuchar su mensaje, a menos que dese que ese mensaje se parezca a los mensajes estúpidos de su antecesor en la Jefatura del Estado, el dictador Francisco Franco: “Españoles todos…a comer turrón, a callar, que aquí no pasa nada y nadie se mueve”

Aquí están pasando tantas  cosas, y todas pintan tan mal, que el heredero del trono, Felipe, habrá de tomar cartas en el asunto. Y si tampoco lo hace él, allá él. De poco servirá al final que haya contraído matrimonio con una plebeya, nieta de un honrado taxista en Alicante, sin duda por amor a la persona, pero también por la necesidad de modernizar a la Corona.

Esta familia real no tiene otros privilegios, y  ya son suficientes, que los que la Constitución le dio.  Ahora, cuando volvemos a ver al rey en el tanatorio de El Escorial  a pie de tumba del general Franco,  con la gorra de plato en el antebrazo, crespón negro en la manga y cara de haber perdido al  patrón del yate, recordamos que Juan Carlos fue una especie de joven   sumiso  y asustado en tiempos en los que todavía el mandamás firmaba penas de muerte y eran ejecutadas sin que el sucesor expresara la menor protesta pública.El mundo entero protestaba, pero él no.

¿Acaso asistimos a una regresión de la monarquía que nos deparó el franquismo? ¿No será  Urdangarín una reencarnación de Martínez Bordiu?  

No debe jugársela este rey por tan poca cosa. No debe jugar con los españoles este rey cuando piden transparencia –y se niega a darla- sobre el uso del dinero que cobra la Primera Familia cuando otras monarquías, con las que desea equipararse, sí dan esas explicaciones. Tal vez piensa con nostalgia  en el rey de Marruecos, como hacía Franco,  quien  incluso se rodeaba de una guardia mora.  Si eso es así, mas que un Borbón culto y afrancesado lo que tenemos aquí es un frustrado monarca magrebí.

Que hable el rey. Que no mire para otro lado porque así solo se estampará contra puertas y cristales de su palacio, que es nuestro palacio, y el día menos pensado esas puertas y vidrieras no solo le romperán la cara, sino más cosas. No hay que jugar con fuego.

Desde luego inspira compasión un Rey Herido con un yerno riéndose de todos, al lado del Heredero con la esposa plebeya, temblando todos a la hora del te, por culpa del corrupto. Las princesas, infantas y principitos (sobre todo los hijos del deportista) no merecen este bochorno.

Porque ya tenemos bastante con la crisis económica,  la ineptitud de los políticos, la corrupción de muchos empresarios y altos cargos en cada autonomía como para añadir esta infamia. Entran  de despedirlos a todos.

  

28/11/2011 (11:30)  La situación

El rey herido. Zapatero noqueado. Rajoy incomunicado. El paro aumentando. Los mercados mandando. ¿Algo más?

  

26/11/2011 (16:00)  Segunda vuelta de una revuelta

Una revolución se cierra en sí misma. Una revuelta no. Una revuelta, como la egipcia, necesita una segunda vuelta para conseguir  lo que en el primer estallido  no logró: derrocar a los militares instalados en el poder. Esto puede resultaralgo más  sangriento que derribar al viejo dictador.

  

26/11/2011 (12:30)  La saga del Banco de Valencia

Que supliquen al cielo los gestores que han llevado a la ruina al Banco de Valencia que salgan a la luz otros escándalos más gordos, si cabe, para que se olvide el que protagonizaron ellos, causantes de la intervención del Banco de España.

Como la Calamidad Valenciana viene ofreciendo  un par de grandes escándalos a la semana, algo que no está nada mal, los ineptos y/o corruptos que precipitaron a la ruina al Banco de Valencia pasarán pronto al olvido. Su propia basura quedará sepultada bajo nuevas basuras. Pero la fama que ya tenemos bien ganada en Europa  seguirá aumentando. Precisamente quienes más la lamentan son quienes la fomentan.

Lo mismo que si se tratara de una serie de televisión, la saga del Banco de Valencia ofrece un goteo incesante  de episodios en los que van saliendo a la luz los entresijos y artimañas de sus gestores. Harán bien preparándose para afrontar la que se les cae encima. ¿O acaso es mala suerte que un Banco pierda la mitad de su valor, y todo su prestigio?

Pero observamos que a ciertos falsarios, como el banquero Alfredo Sáenz, condenado con sentencia firme por el Tribunal Supremo por un delito de denuncia falsa, el actual Gobierno socialista le concede un  indulto para que pueda seguir al frente del Banco de Santander. Aquí no ha pasado nada, señores. Se le ha impuesto una multa de varios miles de euros que pagaremos entre todos y, de este modo,  al delincuente se le borran sus antecedentes penales,  se le rehabilita para que vuelva a delinquir, si es que el indulto lo anima a ello.

Indultar a este tipo de sujetos es un peligroso precedente. Recordemos que Alfredo Sáenz presidía el Banesto cuando esta entidad presentó una querella por estafa contra unos empresarios a fin de recuperar créditos morosos.  La querella demostró ser falsa y fue archivada por la Audiencia que determinó que Alfredo Sáenz “tenía conocimiento de que los hechos imputados no eran ciertos”.

¿Y qué? Siguiendo esta política de mimar a poderosos delincuentes de cuello blanco, el próximo Gobierno del PP podría llegar, sin ruborizarse, al extremo de condecorar a banqueros estafadores y falsarios con el propósito de estimular sus  malas prácticas.

 

  
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