Escritura interior
 
Pgina: 2/7


07/11/2010 (17:02)  Joya controlada

Viene el Papa. Se pone mitra de oro. Lee cuatro necedades. Deja ver sus zapatos rojos y sus enaguas blancas. Gesticula  con afeminamiento:  ¿hembra o varón?  Sube en su carroza de cristal. Parece lo que es, una joya valiosa, el frágil representante de Cristo en la tierra. Lo meten en el avión. Le abrochan el cinturón. Entorna los ojos. Se mira las uñas. Se quita las gafas (también de oro) y entorna los párpados. En la punta de la nariz le ha salido un grano. Pero no es nada inquietante. Está bajo control.

  

24/10/2010 (16:32)  Mediocridad

De aquella vida mediocre solo podía esperar una escritura también mediocre.

  

24/10/2010 (17:22)  Lo mejor

Si lo mejor es enemigo de lo bueno, ¿qué decir de lo peor?

  

24/10/2010 (10:18)  Fácil

Es fácil  imaginar la vida del día siguiente de tu propia muerte: lo que sentirán unos, lo que pensarán otros, lo que dirán algunos, lo que harán todos.

  

15/10/2010 (20:30)  Arte y valor

Los toreros quieren que las corridas dejen de ser un  espectáculo  regulado por el Ministerio del Interior y pasen a depender  del Ministerio de Cultura.
Los titulares de ambos departamentos son aficionados a la Fiesta Nacional. De manera que el primero, Interior, hará un buen pase de pecho y la otra, la titular de la Cultura, cortará orejas y dará  vueltas al ruedo.
A mi me importa poco. No voy a los toros. No estoy en contra ni a favor. Preferiría que se perdiera esa clase de cultura pero esto llegará con el tiempo mas que con prohibiciones.
Otra cosa es que amparándose en la tradición y en la cultura popular se mantengan fiestas con toros por las calles, toros con fuego en los cuernos, toros que son alanceados hasta la muerte y toros que son arrojados al mar para comprobar que les gusta más el agua salada que la propia sangre que acaban vomitando.
Deberían ser los mismos toreros que se visten de luces quienes nos echaran un capote a los que el sufrimiento de los animales nos repele. Sin embargo, no lo hacen. Protestan por la prohibición de las corridas en Cataluña pero parecen ser partidarios de las innumerables atrocidades de eso que en pueblos sobre todo de esa culta comunidad llaman bous al carrer.
Se ve que los matadores profesionales no quieren hacerse impopulares y, como los políticos, necesitan el voto que unos reciben en las urnas y los otros en la taquilla.
Los toreros que han visitado al ministro de Interior y hemos visto fotografiados con el triste y oscuro Rubalcaba llevaban  trajes de Armani y de Boss, y sus posturas achuladas y sus sonrisas al tendido auguran que todo les va a salir como desean. Ahora quieren que se les reconozca no solo valor sino también arte. Aunque el  arte del valor no guarda relación alguna con el valor del arte.

  

10/10/2010 (19:15)  Verano

El ensayo autobiográfico con el que J.M. Coetzee cierra su ingenioso ciclo de memorias noveladas es un durísimo juicio contra sí mismo, como hombre y como artista, juicio que no tiene posible apelación dado que el acusado ha muerto. Este artificio exculpatorio deja al lector con la sensación de ser el único asistente a la vista pública, incapaz de ver al encausado en la sala. Todo lo que alcanza a ver es el féretro. El relato está dividido en cinco partes. Cada sección se dedica a una entrevista que el profesor Vincent, biógrafo de Coetzee, mantiene con cuatro mujeres que fueron, o pudieron ser, amantes de Coetzee. Y un solo hombre, ya al final que, como ha señalado el crítico James Meek, aporta muy poco al texto. Los artilugios literarios de Coetzee siempre mejoran la historia. Las mujeres hablan del amante fallecido (y de sus libros) con excepcional dureza, “como sólo las mujeres pueden ser duras” (en palabras de una de ellas), pero además hablan de sí mismas y de cómo creen que fueron percibidas por el hombre que las sedujo. Entre el lector y el muerto se establece una complicidad que es eco del diálogo que mantienen el entrevistador y las mujeres melancólicas o despechadas. Se enamoran de Coetzee cuando él, un frío autómata, es incapaz de enamorarse de ellas. Coetzee introduce a Shubert en el coito como si fuera un vibrador para que ellas sigan su inefable ritmo musical. Y Julia (su testimonio es el mejor) define a Coetzee como “el hombre que confundió a su mujer con un violín”. Tal vez Coetzee observa su propia vida por el espejo retrovisor, a coche parado, y narra en presente de indicativo un camino incluso para él mismo impredecible. Pero, ¿cómo es el personaje a los ojos de estos alter ego femeninos? Una vida fracasada. Confusa. Atormentada por la culpa y la trasgresión. Castigada por la soledad. De este modo en absoluto plañidero amortajan al fallecido. Hay, pues que compadecer no tanto al escritor como a sus ex amantes. También hay que compadecer al biógrafo que se desplaza por medio mundo para entrevistar a las resentidas. En esta espiral de recriminaciones, desencuentros y piedad compartida, el lector acaba por compadecerse de sí mismo, lo cual no afecta a la lectura ni resta mérito a la obra. El profesor Vincent ni siquiera conoció al hombre objeto de su estudio académico. Pero conoce su obra y también unas anotaciones inéditas que cierran el libro de manera dramática: Coetzee abandonará a su padre, viejo y enfermo, para ocuparse de sus “proyectos personales”. Cuando recibió el Nobel (2003), Coetzee no leyó un discurso sino un relato. Ya entraba en el juego de los desdoblamientos, exageraciones y falsedades. “No es a Coetzee a quienes ustedes premian; ustedes premian al escritor Coetzee quien, forzosamente, no puede estar aquí. Así que voy a leerles algo suyo”.

  

10/10/2010 (13:23)  La ilusión

Cuando te queda poca vida por delante también es muy poca la ilusión que te queda por la vida. Es decir, por cualquier cosa.

  

09/10/2010 (16:15)  Dignidad

La mayoría de la gente agota demasiado pronto  su cupo de dignidad. Llegan al final de sus vidas con el saldo a cero. O incluso debiendo dignidad que ya no podrán  recuperarla.
Admiro a quienes administran ese bien que nos viene dado. A quienes no piden créditos de dignidad. A quienes no la hipotecaron, que son minoría.
Pueden y saben morir tranquilos. Mueren en paz.
Y es una lástima no contar nunca más con ellos.


  

06/10/2010 (10:14)  Ya no

Dos y dos eran cuatro. Ahora no.

  

05/10/2010 (16:47)  Ser precursor

Ser precursor no es nada si antes no lo eres de tí mismo.

  
Pgina: 2/7

 
 
nota legal