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2/8/2005 Libros de viaje
India. Vagón 14-24
Es la mirada escéptica y a veces conmovida de un europeo al descubrir un inmenso país lleno de contrastes, de contradicciones, tan alejado aparentemente de nuestros países, y tan distinto. A lo largo del viaje en ferrocarril, al que se engancha y desengancha un vagón (siempre el mismo vagón, con los mismos pasajeros, ), nos ofrece el autor la posibilidad de conocer lugares inesperados, de asistir a un encuentro con Indira Gandhi, a otro con la Madre Teresa, de convivir con un maharajá luego de recorrer a pie o en rickshaw las calles de Calcuta, las callejuelas oscuras de Benarés, las avenidas de Bombay donde se palpa la pobreza de un pueblo resignado, para muchos adormecido.

La azafata dijo treinta grados a la sombra. Pero aquí no hay sombra. Los soldados se achicharran a pleno sol. Montan guardia al pie de la escalerilla, alrededor del camión cisterna, a lo largo de las pistas y hasta dentro del autobús que ahora nos conduce a la terminal. Llevan pantalones cortos con la pernera tan ancha que sus muslos parecen aún más flacos de lo que son. Y muchos arrastran el fusil como esos cazadores arrastran la escopeta al volver a casa. Huele a keroseno, jazmín, goma quemada y fruta fresca. Y se oyen ruidos y gritos por todas partes. Gritan los policías al pedir los pasaportes, los de aduanas al abrir las maletas, los mozos de equipajes al cargar los bultos, los familiares de los viajeros al recibirlos y, sobre todo, los que más gritan, son esos tipos que te quieren llevar a un hotel en Delhi. Esos parece que parecen pedir auxilio, como si fueran a ahogarse sin que nadie les haga el menor caso.
  
     
 
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