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27/2/2012 Novelas
Desahucio (versión eBook)
Consuegras, viudas y octogenarias. Diamantina y Flor comparten una antigua vivienda junto al Liceo, en las Ramblas de Barcelona. Dos sucesos violentos cambiarán el rumbo apacible de su existencia: el incendio del teatro lírico -que forzará el desahucio y posterior mudanza- y la salvaje agresión en manos de unos desconocidos. A partir de ahí, las ancianas se enfrentarán una a la otra en una pesadilla angustiosa dominada por el miedo, el dolor, el tedio, la enfermedad, el abandono y la muerte. Un joven decorador, que se define a sí mismo como un ser fraudulento esclavo de las apariencias, es el narrador de esta historia. El decorador ofrece sus servicios a las ancianas y éstas se confían plenamente a él. De este modo, gana la confianza de su médico de cabecera y también las caricias de la nieta adolescente cuando viene a visitar a sus abuelas Diamantina y Flor. El decorador acabará siendo la única referencia real en un universo cerrado, decadente y senil sometido al todopoderoso televisor, siempre encendido, donde impera la violencia, se abusa de la frivolidad, se consuma el sexo y se derrocha la propaganda política. La novela es una fábula sobre la demencia, la crueldad humana y el eclipse definitivo de los valores y mitos tradicionales.

El arquitecto es Dios, en quien no creo, y yo soy un decorador que amaña sus chapuzas con mis propias chapuzas. Pero no me quejo. Al contrario. Bendigo este oficio. Hoy por hoy, vivo de él. Mis dos únicas clientas, Diamantina y Flor, me adoran. Depositaron su confianza en mí. Soy su decorador. Un mago. Un artista. Están orgullosas del apóstol del papel pintado, del maestro de la tapicería, del redentor de la iluminación y de los espacios. En realidad soy totalmente lo opuesto de lo que ellas creen. Farsante. Impostor. Tramposo. Un hombre de nuestro tiempo que se inmola en aras de las apariencias, o de cualquier otra engañifa, para llenar su estómago. Hace sólo veinticuatro horas se quemó el Liceo. Ardió como una tea. De arriba abajo. Sin desórdenes. Armoniosamente. Con elegancia catalana, según dijeron por la radio. Fue una gran tragedia para la ciudad. Un drama para los amantes de la ópera. Una pérdida irreparable, repetían.
  
     
 
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