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1/12/2005 Cuando la corrupción es la ley    Viaje de Cercanías
Esto solo ocurre donde la corrupción es la ley. Donde los escándalos ya no escandalizan a nadie. Y donde el mapa de ilegalidades urbanísticas de nuestro litoral valenciano es mas que aterrador. Ahora los alcaldes, constructores, promotores y agentes urbanizadores no merecen la presunción de inocencia sino la contraria. ¿No se lo ganaron a pulso? Mientras no demuestren lo contrario sospechamos que todos ellos son culpables de corrupción.


Pero seamos sinceros: a una situación así no se llega de la noche a la mañana. Sustituir la legalidad por la ilegalidad exige tiempo y un trabajo metódico por parte de los desaprensivos, aunque siempre con la colaboración, expresa o tácita, de un pueblo incapaz de alzarse contra la destrucción de un bien colectivo. El territorio nos pertenece a todos, como el paisaje, y no al PSOE o al PP aunque a veces lleguen a hacérnoslo creer.


No entenderlo así lleva a situaciones como la del hotel Atrium, un edificio mastodóntico construido sin licencia (según sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana), y a la vista de todos en primera línea de una cala diminuta cuyas aguas comparten los municipios de la Vila Joiosa, Benidorm y El Finestrat. ¿Qué ocurrió aquí? ¿Dónde están los responsables de este desaguisado?


Un vecino del hotel a quien el edificio le ha privado de vistas se pregunta lo siguiente: "Si yo fuera el dueño de ese pavo todavía entendería menos que me hayan dejado engordarlo impunemente para prohibirme que le ponga la guinda al final". Quizá tenga razón. Hay muchas formas de alentar el delito.


Pues bien, ahora me encuentro a los pies del pavo leyendo en un inmenso cartel la ficha técnica del complejo inmobiliario: Gran Magic Atrium Beach, el mayor hotel de Europa, con 1.404 habitaciones, 1.500 coches, 65 ascensores, 33 bares, 15 restaurantes temáticos, 20 salas de banquetes, minicines, zona de lagos (18.000 m2) espacio nudista (1.000m2) Paseo de las estrellas (4.000 m2), pistas de hielo...


¿A quién se le ocurriría construir el mayor hotel de Europa en una de las playas más pequeñas de Europa? ¿En qué cabeza cabe una idea así? ¿En la de un genio o en la de un provocador nato? Desde luego en ninguna cabeza municipal medianamente razonable. Da igual. Estas preguntas sobran. El resultado lo tenemos delante. Y nos permite imaginar cómo va a ser la vida en esta cala hasta hace poco paradisíaca cuando el hotel se ponga a pleno rendimiento. Bajarán a bañarse tres mil personas de golpe, como no sean más si en las habitaciones ponen tres camas en lugar de dos. Esas personas se tumbarán unas encima de las otras en la playa. Tampoco es difícil imaginar el tráfico de vehículos de todo tipo y tamaño si pensamos en los visitantes y proveedores, y no solo en los clientes con sus 1.500 coches ya previstos en el proyecto. Muchos otros acudirán a comer o a cenar en los 15 restaurantes temáticos. También se sumarán cuantos deseen a tomar copas en cualquiera de los 33 bares, por no pensar en los que quieran visitar los minicines o patinar sobre hielo... ¿Van a tener cabida tantas personas y máquinas juntas en una cala que parece pensada para muñecas? Claro que algunos podrán encerrarse por turnos en los 65 ascensores del hotel y pasar sus vacaciones como en las atracciones de feria, arriba y abajo.


Una señora chilena que lleva años viviendo en Finestrat dice que desde que se mataron tres obreros en la obra, y ese accidente provocó una inspección, el hotel solo ha tenido problemas. "A los pobres albañiles ya no los pueden resucitar pero en pocos meses será inaugurado el hotel porque hecha la ley, hecha la trampa". Esta señora añade que la empresa ha presentado un Plan de Reforma Interior de Mejora (PRIM) en el que con cuatro rayas se saldrán con la suya.


Doy una vuelta por la zona. Hay poco que ver fuera de un enorme reloj clavado en el centro mismo de la cala por el ayuntamiento de Finestrat, que nos da la bienvenida. Me pregunto qué función desempeña este chisme entre un mar condenado a muerte y unos seres demasiado vivos. ¿Estará cronometrando la agonía?


Una señora inglesa que vende prensa y postales no entiende nada. Vive en un apartamento del Atrium II también sin vistas por culpa del Gran Magic Atrium. Se conformaría, dice, con que derribaran algunos pisos. Pero no se hace ilusiones. "Los constructores dicen que como es muy peligroso no lo van a hacer".


Nadie cree que vayan a demoler nada. Otra mujer que regenta un chiringuito delante del Gran Magic asegura que hace seis años aquí no había nada a excepción de unos cuantos edificios que ya pertenecen a Benidorm, y que no son demasiado altos. El resto se ha hecho y sigue haciéndose a la carrera. La mujer señala unos bloques que invaden un montículo que cierra la misma cala, y explica que esos edificios están destinados a un centro geriátrico de lujo, donde el alquiler de una habitación va a costar 3.000 euros mensuales. Ya hay lista de espera.


El negocio del chocolate es una especie de turismo del loro que no cubre las necesidades del Ayuntamiento de la Vila. "Ni las fábricas, ni el Museo atraen suficiente turismo. Un ladrillo deja mucho mas que una pastilla de Valor, y por eso están dando tantas licencias de obra. Y si la pides y no te la dan, da exactamente igual. Haces como la empresa del Gran Magic y no pasa nada", dice un vecino del pueblo justamente famoso por sus chocolates.


Un empleado de una agencia de la inmobiliaria Premium, que está al lado del Atrium, cree que el problema está resuelto: "No lo dicen para no alarmar, pero todos sabemos que a cambio de hacer legal lo que no era, la empresa de Atrium va a ceder metros al Ayuntamiento". Y esto, añade la misma persona, "nos beneficia a quienes tenemos que vender pisos y apartamentos cerca del Atrium, porque desde hace tiempo todo está parado". Pero todavía tiene algo que añadir: "Cuando se inaugure el hotel este próximo verano, los precios se dispararán. Por cierto, ¿no le interesa un apartamento de 60 metros en la planta 14 de ese edificio? Ahora se lo podríamos dejar en 240.000 euros..."


Fuente: El Pais
  
 
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