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18/9/2005 Lo que no se puede decir   
 
Una mujer de 73 años ha sido esposada y encarcelada la semana pasada en Nueva Orleáns cuando la policía la sorprendió robando salchichas por valor de cincuenta dólares. Se llama Merlene Maten y pertenece a ese 60 por cientoUn juez acusa a la anciana Merlene nada menos que de saqueo. Le exige 50.000 dólares de fianza. Si no los tiene, y no los tiene, seguirá en prisión.
Si esta mujer tuviera 50.000 dólares nunca habría robado salchichas ni se habría quedado en la ciudad cuando el alcalde dio la orden de evacuación. Pero la ley es la ley. Y además, ¿dónde estará mejor protegida que en la cárcel esa desdichada anciana, cuando se espera el regreso inminente deHe recibido por internet desde una universidad norteamericana una foto trucada en la que se ven muy sonrientes a 
sacando de las aguasLas tropas ya tienen bastante trabajo con sus propios cadáveres en Irak. Por eso una empresa privada se está ocupando de la recogida de los muertos en casa.
Amy Goodman, directora de un espacio independiente (Democracy Now) en Pacifica Radio, cuya sede está en Nueva York, ha entrevistado a informadores norteamericanos y extranjeros que han sido detenidos o amenazados por la policía en Nueva Orleáns al negarse a hacer un periodismo de hotel, en beneficio de un periodismo de calle. Pero esta clase de periodismo cuesta muy caro. También Periodistas sin Fronteras ha alertado sobre la violencia policial que viene ejerciéndose contra los reporteros. A un fotógrafo del diario Times-Picayune le destrozaron la cámara por cubrir un tiroteo. A otro del Toronto Star lo detuvieron y le requisaron las imágenes de enfrentamientos policiales  único salvoconducto, y lo abandonaron en un lugar peligroso después de quitarle la imágenes de una brutal paliza propinada a unos sospechosos.  y los encañona directamente en la cabeza con sus fusiles de asalto, gritándoles, aunque saben que no lo son: “¡Disparamos contra los saqueadores!”
La prensa sabe cuáles son los límites, en Nueva Orleáns y en Irak.Anthony Weller,George Weller, premio Pulitzer 1943, fue el primer reportero en llegar a Nagasaki luego del bombardeo. Las autoridades no querían que se hablara del efecto de la radiación nuclear en la población civil,  imagen del vencedor pretendía ser la opuesta, una imagen compasiva.  entonaría las alabanzas del hongo devastador desdeñando la matanza o mutilación de niños, mujeres, ancianos atrapados en aquel horror.
La repugnante crónica de Laurence, publicada en The New York Times el 2 de septiembre de 1945, está escrita a bordo de uno de los tres aviones desde los que se lazaron las bombas.  la misión de los B-29. Describe la bomba como una joya de  belleza insuperables. Se felicita del privilegio al compartir con aquella joven tripulación un hecho histórico de este alcance.Ahora, ocurre casi lo mismo. Quienes no cuentan desde Irak  Conviene no olvidarlo.
 

Fuente: El Pais
  
 
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