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30/4/1995 "Ahora algunos dicen que todo esto fue mentira"    En primera persona
"Aquí no quieren saber nada del campo. La gente de Mauthausen quiere olvidar que fueron asesinados más de 100.000 prisioneros. Pero el campo trae mucho turismo. Ahora el pueblo vive del turismo del holocausto. Todavía me saltan las lágrimas cada vez que entro. Estuve encerrado ahí tres años. Igual que otros 6.000 españoles. Luchando para sobrevivir. Fue muy duro. No sabías qué iba a ocurrir mañana. Desde entonces, mi vida ha sido el campo. Más de 30 años unido al campo. Luego de la liberación no me pude marchar de aquí. No pude irme a España porque estaba Franco. Pasaba el tiempo y Franco no se largaba. Ni se moría. Parecía eterno. Tampoco me pude ir a ninguna otra parte. ¿Dónde iba a irme sin dinero? ¿Con qué pasaporte? Mientras que cerca del campo eché raíces. Me casé con una mujer que se llamaba Ana. Ella vivía con sus padres cerca del campo. Su familia veía el movimiento de prisioneros. Los que entraban. Los que transportaban a Gusen. Los que se llevaban al matadero. Veían el humo del crematorio. Lo veía todo el mundo en el pueblo de Mauthausen. Tuvimos dos hijos. Acondicionamos esta casa poco a poco. Era una casa vieja. Por este lado vemos el Danubio. El campo queda atrás. Paseando no tardo nada. Diez minutos. Siempre voy a pie . Administrador Cuando murió mi mujer me casé con la cuñada. Se llama Luisa. Luego de trabajar un tiempo en la fábrica de granito me ofrecieron ser administrador del campo. Querían alguien que hubiera sobrevivido. Y yo acepté. Además hacía de guía con los visitantes. Lo hice durante 20 años hasta jubilarme en 1982. Entonces el rey Juan Carlos me concedió la Cruz del Mérito Civil. Pero desde la jubilación no he dejado de ir al campo. Voy todos los días Incluso sábados y domingos. No lo hago por dinero. En Austria me pagan una pensión de 16.000 chelines al mes (unas 170.000 pesetas). Pero ya no puedo dejar de ir. Necesito enseñar el campo. Necesito explicar lo que fue el horror nazi. Lo que hicieron allí. Porque ahora algunos dicen que nunca existió. Que todo es una mentira. ¿Una mentira? Eso lo dicen los que matan gitanos. Los que matan inmigrantes. Los racistas. Nazis como Schimanek. Ese que tiene una escuela donde enseña a degollar de un solo tajo. Y aquí no pasa nada porque la justicia quiere ser muy humana. En el campo había un oficial de las SS que a los españoles nos trató bien. Todo hay que decirlo. No era como el Gato con bota s. Aquel enano tan mala persona. Por eso cuando los rusos lo identificaron sus hijos me pidieron ayuda. Y yo les ayudé. Aquel oficial de las SS ha sido vecino mío muchos años. Me siento orgulloso de haberle salvado la vida. Al principio de la liberación los americanos pidieron que los prisioneros les ayudáramos a cazar nazis. Se escondían como ratas. Eran cobardes. Yo cacé dos. No hicieron nada. Se entregaron. Tenían el mismo miedo que nos hicieron pasar a nosotros en el campo. Aquellos dos llevaban la esvástica tatuada en las axilas. Se los entregábamos a los americanos. Nada más. No les pegábamos los 25 palos que ellos pegaban en el culo a los prisioneros obligándoles a contarlos. Y era imposible contar hasta el final. El dolor te hacía caer inconsciente a tierra. Para mí los más duro fue no saber nada de mi familia. De mis padres. No sabía si estaban vivos o muertos desde la guerra civil hasta que nos permitieron escribir una carta desde el campo. La primera carta que yo les mandé fue en 1943. Pero no pude verles hasta 1960. Entonces los alemanes me pagaron una indemnización y separé 6.000 chelines (70.000 pesetas) para irme a visitarlos. Mi padre era guardagujas en Calzada de Oropesa, el pueblo de la provincia de Toledo donde nací yo. Yo nací casi en la vía del ferrocarril. Luego lo hicieron guadafrenos. Y nos llevó a Madrid. Trabajaba en la estación de Delicias. Estudié gratis en los salesianos. Me levantaba a las cinco de la mañana. Ayudaba a misa y luego acompañaba al cura a desayunar. Quería ser arquitecto. O delineante. Pero llegó la guerra civil y me apunté voluntario para ir al frente. Estuve en Usera. En la Ciudad Universitaria. Pegué muchos tiros. Luego me llevaron con la brigada de choque a Jaén. Creo que era el Quinto Regimiento. También estuve en la ofensiva de Brunete. Pero perdimos la guerra. Tuvimos que huir a Francia. Me metieron en el campo de Arles. Teníamos sarna. Piojos. Hambre. No teníamos ropa para cambiarnos. ¿Qué se podía hacer para sobrevivir? Me dijeron que podía apuntarme en la Legión Extranjera. Y lo hice. Era la forma de conseguir ropa y comida. Tenía 21 años. Y firmé por cinco. Prisionero Los salesianos me habían enseñado a tocar la trompeta y eso me sirvió en la Legión. Yo era el cometa. Cuando Francia se puso en guerra contra Alemania nos mandaron a luchar contra los alemanes. Pero caímos prisioneros. Me metieron en un tren de la Cruz Roja con heridos. Primero nos llevaron a Múnich. Luego nos dijeron que nos iban a liberar, pero nos mandaron en otro tren a Austria. En la estación nos obligaron a darnos una ducha con una pasta que nos quitó todo el pelo del cuerpo. No nos quedó ni un solo pelo en ninguna parte. Y así llegamos al campo de Mauthausen, donde nos esperaban las SS. La gente se colgaba de los travesaños del techo en los barracones. O se acercaban a las alambradas para morir electrocutados. Había mucha desesperación. Lo único que esperabas era sobrevivir ese día. Llegar al día siguiente. Estuve trabajando en la cantera un mes y medio. Bajábamos por la escalera de la muerte. Y nos hacían subir con piedras de 50 kilos al hombro. Era imposible llegar hasta arriba. Subir todos aquellos escalones desiguales. Y muchos caían rodando. Les empujaban para verlos rodar. Para ver como morían. A mis años todavía no había tenido ninguna experiencia sexual. únicamente había visto muertos y heridos en la guerra. Había tenido una novia en España. Pero sólo nos habíamos cogido de las manos y besado un par de veces. En aquella época no se hacía nada más. En el campo había mujeres que traían del campo de Ravensbruck como prostitutas a cambio de muy poco dinero, de algo de comida. Y de limpieza. Les pagaban medio marco los de las SS. Algunos prisioneros se acercaban esperando hacer algo y no podían. No tenían fuerzas. Entonces las prostitutas les daban un pedazo de pan y ellos se alejaban humillados. Y también había mucha homosexualidad en el campo. Los jefes de los barracones cazaban a sus chicos. Los polacos tenían más éxito que nadie en ese terreno. Se ve que les gustaba mucho. No era necesario que los SS les obligaran. En Mauthausen se hicieron muy famosos, los polacos".

Fuente: El País
  
 
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