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24/9/1990 Rey rico contra rey pobre    La Crisis del Golfo
Las ceremonias oficiales del día de la fiesta nacional saudí se suspendieron ayer en este reino como un gesto de solidaridad con el pueblo sojuzgado de Kuwait. La guerra también ha sido aplazada por causas ajenas a nuestra voluntad. En esta larga y tensa espera todos se han vuelto enemigos de sí mismos, lo cual no se sabe si es mejor o peor que asistir a un enfrentamiento abierto de buenos y malos. Porque cuando todos parecen igualmente malos, ¿quién está en condiciones de merecer una victoria? El rey de Arabia Saudí, custodio de las dos mezquitas, ha cortado el suministro de petróleo al rey de Jordania, custodio de los refugiados que escaparon del horror iraquí. Pero ahora Jordania ya puede morir de asfixia. Su vecino multimillonario prefiere esta forma de agonía que la insoportable ambigüedad política d el monarca Hussein: o conmigo o contra mí, ha dicho el soberano desde su trono de oro negro. Los reyes de Oriente Próximo se pelean a la espera de que lo hagan los profesionales de la guerra, es decir, los generales de Bagdad y Washington. Y el mundo, que es una pelota de goma, está botando de impaciencia en el campo de batalla sembrado de pestilentes uniformes militares. Todo esto constituye un buen entretenimiento televisivo para la sobremesa y un magnífico negocio para los fabricantes de armamento. Los miserables refugiados de Jordania, que no huyeron en automóviles de 16 válvulas con tapicería de piel como han hecho muchos kuwaitíes llegados a Arabia Saudí, imploraban que se les diera agua y abrían sus brazos detrás de los camiones de socorro internacional como crucificados sin madero. Sus anfitriones, los jordanos, suplican ahora el barril de petróleo, y como en este bando no se lo van a dar, lo recibirán del otro, y con descuento. Jordania no era un enemigo de Occidente, pero acabarán convirtiéndole en amigo del adversario. El anecdotario de los censores en esta monarquía teocrática saudí sigue multiplicándose de manera imparable. Los funcionarios arrancan páginas de libros, revistas y periódicos occidentales por muy inocentes que sean. Lo hacen en defensa de la pureza del islam. Ya no les basta ahora con las obras de arte, historia o ficción. También censuran los manuales de cocina para hacer totalmente ilegibles las recetas de platos con carne de cerdo. Ésta es la extraña libertad que pretendemos defender.

Fuente: El País
  
 
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