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21/6/2016 Escrito en tiempo real    La mirada escribe
Un conocido mío que apenas lee y nunca escribe pero que sabía que llevo unos diarios que inicié en el año 1961 en la ciudad de Viena, me preguntó hace algún tiempo: ¿cómo te las ingenias para encontrar algo que anotar en días como el de hoy en el que no ha pasado nada? Le contesté: Pues no le sé. Siempre pasa algo cuando observas tu interior o tu exterior. Esta persona dijo esto mientras devoraba una paella de marisco pero me acerqué a el de nuevo para completar mi respuesta a la pregunta que me había hecho: “hoy tu mismo me has dado la idea. Tu pregunta lleva dentro varias preguntas sobre las que voy a reflexionar y trasladar a mi diario” Siempre ocurre algo a tu alrededor que si no anotas en tiempo real se olvida muy pronto y para mi lo que no queda escrito no ha existido. Acaban de aparecer publicados en un volumen mis diarios (2011-2016) que me ponen al día con mis lectores y con el tiempo presente. Aunque parezca mentira en este quinquenio ocurrieron una gran cantidad de cosas no solo en mi vida personal sino en el resto de un mundo en el que la realidad está en gran medida manipulada en manos de políticos desaprensivos, banqueros sin escrúpulos y otros poderosos estafadores, guerras absurdas y un largo etcétera de tropelías. Con la aparición de esta nueva entrega editada por Renacimiento tal vez, aunque no sea mi deseo me veo obligado acerrar mi obra diarista en el hospital en dónde en el momento de escribir este articulo me encuentro ingresado para luchar contra un cáncer. Como escribí al principio, el comienzo se produjo en Viena en una clínica dirigida por el célebre psiquiatra Viktor Frankl. Entre estos dos periodos de tratamiento tan diverso, ha transcurrido mas de medio siglo de vida profesional que muchos envidiarían. Estos escritos permanecieron ocultos 46 años hasta que la editorial Edaf decidiera publicar un volumen de 1000 páginas titulado La hierba crece despacio, en el año 2007. A este volumen siguieron Molestia aparte 1 (2001-2005) y Molestia aparte 2 (2006-2010) Ed. Reino de Cordelia. Y nunca sospeché que llegaría a hacerlos públicos hasta que me convencí de que el autor está muerto y que las personas que aparecen citadas con nombres y apellidos en sus páginas también han muerto. Me pregunto: ¿seguiré escribiendo como empecé a hacerlo a los 23 años en Viena estando ahora por un largo periodo luchando contra un cáncer en un hospital de Valencia en fase de metástasis? Pueden, y de hecho las fuerzas me fallan pero es más potente mi adicción a la escritura que estos goteros incesantes? ¿Será acaso que mi adicción a la escritura que se inició en Viena fue lo que me curo de mi supuesta patología mental? ¿Funcionará esta vez la escritura como terapia para detener la progresión del cáncer o al menos hacerme más llevadera la vida en el hospital? Otros, en algún caso parecido al mío lo intentaron con ahínco y lo consiguieron. Pero a otros por mucho que les dijeran ¡animo! ¡hay que luchar!, no lo consiguieron.

Fuente: Revista Plaza
  
 
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