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15/7/2015 Regreso a El Saler    Lamirada escribe


 


 

Al cabo de 50 años y 20 minutos regreso a las dunas  vírgenes y a los pinos retorcidos por el viento y por la sal. Quedan a solo 18 kilómetros los trapecios circenses  de Calatrava y otras curiosidades  urbanísticas de la ciudad de Valencia.

Aparece el lago de la Albufera con su brillo plomizo de siempre. Recuerdo a mi abuelo cuando cazaba patos metido en un barril y regresaba a casa sin cobrar una sola pieza. Su puntería, pésima con la escopeta, era excelente con los naranjos. Y me veo aprendiendo a conducir a los 15 años por estos caminos de El Saler en un Ford prehistórico.

Que este parque natural se salvara de la rapiña de los especuladores fue un milagro. Franco no fue ni el salvador de la patria ni del patrimonio común. Fueron aquellos valencianos que gritaban  “¡Salvem El Saler!” como ahora gritan “¡Salvem el Cabanyal!”

¿Por qué un campo de golf y un Parador del Turismo en el corazón mismo de la Devesa? No hay regla sin excepción. Y dentro del mal, el menos. Cubiertas de verde algunas dunas siguen ahí, bajo una hierba de la variedad Bermuda, la única resistente en este clima. El paisaje, yo también lo creo, apenas sufrió daños al levantar un edificio discreto medio hundido en la arena. No  tiene nada que ver con las alejadas blasfemias arquitectónicas a derecha e izquierda del Parador.

El campo de golf  (18 hoyos) diseñado en 1968 por Javier Arana se considera  uno de los mejores de Europa. “Es muy británico pero con clima mediterráneo –dice el director del Parador Francisco Contreras- y los vientos que soplan hacen que el juego sea muy divertido”.

Yo no juego al golf y lo que más me divierte en cualquier sitio es aburrirme. Admiro a  los golfistas tanto como al búho chico que construyó su hogar en el hoyo 4 (por cierto hay 4 crías) de menor tamaño que las del búho real. Identifico  a los jugadores con la flora más que con la fauna, que es variada, por mucho que vuelen sus pelotas hasta depositarlas a escasa distancia de la madriguera. Admiro que caminen cuatro horas y media en cada recorrido de 8-10 kilómetros, pagando 105 euros. Y sobre todo admiro que su adicción les proporcione felicidad y  temple sus nervios.

En 2003 Michael Jordan  ganó una apuesta de 20 euros a Severiano Ballesteros. Y aquí reposan  sus camisetas en un nicho muy venerado. “El  hoyo 17 es de los mejores de Europa por estar muy azotado por el viento y protegido por seis bunkers de arena y un anillo de dunas”, leo en una pared. Esto me impresiona sobremanera, máxime cuando no llegamos a sacar la cabeza  del agujero económico en que nos encontramos.

El agua necesaria para el campo de golf (56.000 salidas de golfistas al año) y para el Parador con sus 65 magníficas habitaciones orientadas al mar, es agua que se depura en su totalidad. El  complejo da trabajo a 75 empleados todo el año. Los productos de los restaurantes (2 toneladas de arroz bomba al año) se adquieren frescos en los pueblos del entorno. Los  tomates son del Perelló, por lo que cada temporada se celebra el llamado “Torneo de golf del Tomate” en el que participan más de cien golfistas. Y los trofeos son, naturalmente, grandes cajas de tomates.



Fuente: Revista Plaza
  
 
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