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6/6/2015 Railowsky    La mirada escribe

Juan Pedro Font de Mora podría llamarse perfectamente Vladimir Kazanchov y ser ruso. Si lo hubiera visto por primera vez en un anticuario de París, lo habría confundido con un marchante polaco nacido en Varsovia en los años 60. Si hubiera tropezado en Palermo  con el mismo personaje, enjuto y enigmático, lo habría tomado por un titiritero de los muchos que hay en la ciudad  siciliana. Y en Nueva York, habría pensado que estaba ante un poeta judío.
Sin embargo (y a pesar de su aspecto), el dueño de la librería Railowsky, especializada en cine y fotografía, es valenciano desde la edad de seis años,  que fue cuando sus padres se trasladaron de Madrid a esta ciudad de la que ya no se ha movido.
A los 21 años decidió montar este  negocio en el que tantos otros fracasaron. ¿Cuál es el secreto que le permitió mantener abiertas las puertas de Railowsky durante 30 años?
El axioma de Juan Pedro es un simple y rotundo enunciado: “siempre he preferido hacer que tener”. Y esto salta a la vista.
En 100 metros cuadrados alquilados hace tres décadas a un precio razonable, solo un loco –y él no lo es-  podría tener miles de ejemplares indiscriminados a la venta y venderlos a un ritmo desaforado, que tampoco es el ritmo de este  librero. Renunció a obtener unos beneficios imposibles con márgenes comerciales bajos, pero en cambio pudo hacer lo que siempre quiso y le gustó hacer: una labor cultural creativa, exigente y duradera. Y también divertida.
Aquí monta exposiciones de fotografía que, como la actual (Jürgen Schadeberg) atrae a visitantes de otras ciudades españolas. No cobra entrada. El fotógrafo alemán vivió muchos años en Suráfrica, y se hizo célebre por el retrato de Nelson Mandela tomado en la celda de la prisión. Este fotógrafo ha publicado muchos libros de su extensa obra realizada por medio mundo. Todos los tiene Railowsky. Las fotografías, firmadas, fueron entregadas a Railowski para ser expuestas. Otra cosa será que Juan Pedro  llegue a vender alguna ya que su precio es elevado. Lo importante, ante todo,  es poder colgar en estas paredes blancas una magnífica muestra de la valiosa producción del artista.
Grandes fotógrafos españoles y muchos extranjeros conocen la existencia de Railowsky. Y se sienten orgullosos de exponer aquí sus obras. “Todo es un poco cutre, no me rodeo de lujo”, reconoce Juan Pedro. “El verdadero lujo está en la obra expuesta. Es ahí donde hay que descubrirlo y apreciarlo”.
Medio centenar de amigos de Railowsky pagan una cuota de 60 euros al año para respaldar proyectos que de otro modo serían inalcanzables. Son sus clientes más fieles y generosos. Los amigos que llorarían el cierre de esta librería. “Pero no nos engañemos”, añade Juan Pedro, “en España se llora poco y se olvida mucho y rápido”.
Se declara romántico-pesimista-vitalista además de un apasionado por los libros.
En este local se imparten talleres de escritura. Se celebran presentaciones de libros que “atraen al público que quiere conocer al escritor o la escritora y preguntarles sobre sus ideas acerca de la vida y de su oficio. Quieren comprar el libro con la firma del autor, algo que los libros electrónicos no ofrecen a los lectores. La presencia física del autor y el libro en papel son irremplazables”.
No es este un negocio, tal como lo entienden los ambiciosos empresarios. No promete crecimiento aunque tampoco intimida una posible recesión. Funciona sin créditos. Y si la supervivencia es un milagro, más que a la Providencia se debe  a la prudencia en la gestión y a  las muchas horas que el librero vocacional dedica a su trabajo. “Soy un funámbulo sin red que camina sobre el alambre”, dice Juan Pedro. Sin duda habrá días en los que experimentará el mismo vértigo que los profesionales cuando hacen equilibrios en las alturas.
Pero sospecho que incluso a los lectores a quienes una buena página puede mantener en vilo, apenas se emocionarán con las piruetas arriesgadas de estos libreros auténticos.


Fuente: Revista Plaza
  
 
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