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6/4/2015 Epistolario Aub-Aleixandre    Reseña libros
Sabes estar  leyendo cartas que sus autores intercambiaron pero inevitablemente sospechas que los firmantes imaginaron  que algún día serían publicados estos textos. Sin embargo el epistolario (1958-1971) entre Max Aub y Vicente Aleixandre no parece contaminado por el aire viciado de la posteridad.
Las 64 cartas editadas por Xelo Candel Vila, que se encuentran en los archivos de la Fundación Max Aub (Segorbe),  son muestra de la realidad observada por dos escritores representantes del exilio exterior e interior. La admiración de Vicente Aleixandre (premio Nobel)  por el polifacético Max Aub, y viceversa, es llamativa no solo en los párrafos sino también en los elogios que intercambian y, también, en la efusividad de unas despedidas que van de los “Abrazos y siempre abrazos”  (Vicente) al explícito y contundente  “Le quiero” (Max).  Del usted pasaría muy pronto al tú.
El primero desde Madrid y el otro desde México tratan  de su oficio, de amigos comunes, de sus obras y éxitos y, por supuesto, de las muertes de algunos de ellos.
El 22 de junio de 1959 Aub se dirige a Aleixandre:
“No te tengo abandonado, siempre presente. Me acuso, eso sí, de no decírtelo (…) Mi silencio achácalo al teatro donde, por vías un tanto ilegales, he vuelto: figúrate que conseguí, a los años mil un ejemplar de las obras literarias del abate Marchena, donde anda impresa su Polixena. Me gustó tanto que decidí, por lo menos, hacerla leer en público. Esto motivó una serie: ‘Los lunes trágicos del Caballito’ –nombre del teatro- en el que se han leído las cosas más dispares, entre ellas La hija de Dios de Pepe Bergamín. Si le ves díselo y el gran éxito que tuvo (…)  Shakespeare fue leído por León Felipe(…)  Lo cual añadido a las labores propias del sexo, llena de placenteros quehaceres mis contadas horas. (…) Quisiera saberte bien de salud, alegre y hasta tan disparatado como Manolo (Altolaguirre), que le ofreció ¡a Emilio! El papel de Fray Luis en su problemático Cantar. Escribe, escribe que te prometo escribir. Abrazos sin fin, Max Aub”.
Aleixandre responde un mes más tarde desde Miraflores. “Querido Max: Ya ves cómo hemos perdido a Manolo, a Manolito (Altolaguirre) ¡Cómo lo veo en tu carta! Entraron por Francia, estuvieron en San Sebastián, en un Festival de Cine; luego rumbo al sur, en un coche que habían comprado en Francia, y a la altura de Burgos, el vuelco. Ella murió enseguida, él horas después con todo su conocimiento. Es horrible (…) ¿Qué decir, Max? Yo aún no he levantado cabeza. Aún no lo creo cuando cierro los ojos. Toda una vida parece que he enterrado. (…) Con Manolito nada se olvidaba nunca, él mismo hasta que cerró sus ojos. Ahí le tenías siempre. Yo aquí de otro modo, no dejé de tenerle nunca. (…) Cada vez somos menos. Pero siempre creí que nuestro Manolo viviría más que ninguno, y me alegraba. Adiós, Max. Recuérdame, y te abrazo. Vicente.” (Editorial Renacimiento)


Fuente: Le Monde Diplomatique
  
 
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