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6/2/2015 Agua a discreción en las Cortes Valencianas    La mirada escribe
Desde la garita de Prensa observo a los diputados en sus escaños. ¿Hicieron gárgaras para aclarar la voz o al menos sus ideas?
Este lugar es como el  Arca der Noé con sus maderas macizas de una altura desorbitada. En el gallinero se mueven cabezas separadas del tronco que pertenecen a los invitados. En el hemiciclo Noé separó a los animales políticos para afrontar el diluvio universal y perpetuar las especies.  El presidente pega unos martillazos sobre la larga mesa.  Sus golpes me devuelven a la realidad.
La realidad es Fabra. Una figura de cera. De aquí se lo llevarán al museo. Se ve venir. Una ujier de negro, sin galones ni  delantal, entra con un vaso de agua y lo deposita en la tribuna del orador.
Un diputado del PP inicia el Pleno haciéndole la pelota al jefe. Dice que a él le debemos el descenso del paro. Bebe agua y abre fuego contra la oposición: “Para ustedes cuanto peor, mejor”.
Ni caso. Se oye un taconeo que no es de reprobación sino que procede del tablao flamenco que arrastra bajo  sus pies la alcaldesa Barberá. Llega con diez minutos de retraso. Viste abrigo de pelo de camello y bufanda a juego. No estamos para rojos. Toca el marrón por ser el color a tono con lo que puede venírsele encima a doña Rita. El bolso es negro con cantoneras de charol. Como un ataúd de lujo. Sin  levantar el trasero del sillón giratorio hace desaparecer con habilidad inaudita el abrigo como si se  tratara de funcionarios en un ERE municipal. Echa mano del móvil. Teclea y no dejará de hacerlo durante toda la sesión. Agita sus pulseras con el síndrome de piernas inquietas pero en las extremidades superiores. Se pone y se quita las gafas. Se frota la nariz. Saca la lengua para humedecerse el dedo con su saliva y frotar la pantalla del iphone más que la luna de un escaparate de Vuitton.
El plato fuerte del Pleno es el escándalo Valmor.  Podría ser cualquier otro caso de corrupción pero, como dice la joven reportera que tengo al lado, “les echen la que les echen da igual; uno ataca y el otro repele el ataque con un y tú más”. Lo mismo que las tertulias de la tele. ¿Quién copia a quién? ¿Los políticos a los tertulianos o al revés? No dialogan. Se insultan.
La alcaldesa aplaude si los suyos aplauden y mueve la cabeza asintiendo mientras controla los whatsup. Yo soy mi móvil y mi circunstancia, proclama.
Fabra defiende  al PP de la  acusación de haber comprado en 2011  la empresa privada Valmor por un pastón. Nada de que pagó un euro. ¿No es grave que la Fiscalía Anticorrupción haya tomado cartas en el asunto?, le preguntan. Con Fabra nada es grave. Su antecesor, Camps,  no acude a las Cortes y su absentismo no se sanciona. Hay telarañas en el sillón de Camps.
Fabra necesita apuntador. Ciscar le sopla las frases como a un pésimo actor desmemoriado. “La única manera de evitar el perjuicio de tener que pagar con dinero público una penalización de 72 millones de dólares a  Ecclestone, por no celebrar el Gran Premio de Fórmula 1, fue comprar la empresa. Es lo que se hicimos”.  Vuelve a su escaño.
La ujier con el vaso de agua recuerda el trasvase del Júcar. ¿Será por agua? Detrás de las bambalinas hay seis bidones y un dispensador.
Fabra habla en castellano aunque le pregunten en valenciano. Tiene problemas disléxicos, u otros. Rara vez encuentra la palabra que busca. Dice la que no toca. No es  frío ni caliente. Es tibio. Irrita a la oposición. “Usted y su gobierno acabarán en el banquillo”, le augura el socialista Torres. Fabra y  su asistente  Ciscar se parten de la risa. Perderán  las elecciones pero no el humor.
Ciscar viene de familia  de pescadores de Moraira (Alicante) y sabe echar las redes. Su padre cambió la barca por un bar. Servían agua de limón y berberechos a los veraneantes. Su tío Salvaoret  atendía las mesas con pasos de ballet. Entonces no había electricidad y Salvaoret inflamaba un petromax enorme, colgado en la pared del bar Rialto. No saltábamos por los aires de puro milagro. Ciscar es al mismo tiempo  marinero, barman  y artificiero.
Cuando acaba el Pleno, Fabra, Ciscar y Barberá ponen los pies en polvorosa. Los escaños del gobierno se quedan medio vacíos aunque el tema de los privilegios y prebendas de los ex presidentes de la Generalitat va a ser debatido y votado inmediatamente.  Un diputado del PP dice que la obsesión de Izquierda Unida es cargarse los privilegios. Añade que a la ciudadanía le traen sin cuidado estas prebendas: coche oficial, chofer, guardaespaldas oficina y una buena pasta para hacerse trajes.
¿No sabe conducir el señor Camps? ¿No lo vimos en sus buenos tiempos al volante de un Ferrari descapotable con la alcaldesa en el asiento del copiloto? Saludaban como toreros lanzando orejas y rabos al tendido. Trajeron al Pontífice para meter el Papamóvil en el circuito de la Fórmula 1 y bendecir a las familias unidas en una sola escudería.
Joan Lerma renunció a todos  los privilegios concedidos a los ex presidentes. Ninguno de los espabilados que le sucedieron –Zaplana, Oliva, Camps- siguieron  su ejemplo.  
Se vota. El PP quiere que el chollo continúe. El PSOE se abstiene. El resto no cuenta. Todo seguirá como hasta ahora.

   



Fuente: Plaza
  
 
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