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30/12/2013 Buñuel visto por Gibson    reseña libros

Ian Gibson es amigo mío desde hace más de 30 años. Sus biografías siempre me interesaron.  Gibson es un historiador exigente, riguroso y ameno. En su libro sobre Buñuel (1900-1983) ha invertido siete años. “Una biografía es siempre el resultado de un trabajo colectivo, sobre todo en el caso de un personaje mundialmente célebre y que ha vivido en distintos países y manejado varios idiomas. Soy muy consciente de ser un trabajador más”, escribe con admirable modestia en la introducción de esta su última obra de 937 páginas. Claro que,  a renglón seguido, advierte que no se trata de una “biografía completa de Luis Buñuel y ello por causas lamentables ajenas a mi voluntad. Entre estas, el incumplimiento por el Gobierno de Aragón  de la promesa de una subvención para poder trabajar a pleno rendimiento en mi tarea”.

Gibson cubre 38 de los 83 años de la vida del cineasta pero el lector desearía que su trabajo se prolongara hasta la misma muerte del genio de Calanda.

Los nueve capítulos del volumen están llenos de sorprendentes hallazgos y van seguidos de referencias y notas que se completan con una relación de las  fuentes informativas consultadas por el autor, así como con un índice onomástico imprescindible para cualquier consulta.

Gibson sigue a Buñuel en una España turbulenta y traumática hasta que su vida y su arte peligran y se ve forzado a exiliarse en el extranjero. Por lejos que esté Buñuel, el genio subversivo  de Calanda continuará suscitando odios y envidias de la  derecha cerril más retrógrada que tanto daño produjo y sigue produciendo a nuestro país.  Los males y horrores que denunció Buñuel reaparecen hoy de un modo nauseabundo. Aquella iglesia católica es la misma que merma hoy los derechos adquiridos. Y el ejemplo más reciente es la nueva ley de Gallardón penalizando el aborto. Se me ocurre preguntar: ¿tendrá  algo que decir al respecto la princesa Letizia, futura reina de nuestro castigado país, donde sólo las mujeres privilegiadas –como ella- que deseen abortar pueden o han podido hacerlo si les viene en gana esquivando las  consecuencias penales?

La biografía de Buñuel se lee como una novela cuyo protagonista es un ser real y al mismo tiempo surreal, alguien contradictorio que se declara “católico y ateo, gracias a Dios”,  y vive un universo marcado por la religión más abyecta, la sexualidad más reprimida y la hipocresía social más indignante que impone la derecha. Buñuel es un animal político que detesta a los políticos y denuncia, con sarcasmo e imaginación, los horrores que todavía hoy pesan sobre los españoles. 

Buñuel trituraría a nuestros gobernantes y con sus restos daría de comer a  directores plañideros que imploran subvenciones del Estado a falta de talento personal.  No hacen falta depilar a Cristo ni entronizar burros disecados sobre el piano de cola del hogar burgués.

El Madrid de los años 20 (la Residencia de Estudiantes) que describe Gibson, así como el espanto de las Hurdes –su documental, que podemos ver en youtube, sería prohibido por el gobierno de Lerroux- ocupan las que para mí son las mejores páginas del libro. Y el encuentro de Buñuel con el patético Gregorio Marañón, presidente del patronato de las Hurdes bajo el gobierno Lerroux, para ver juntos el polémico documental, cubre de mierda al afamado y acomodaticio doctor y ensayista admirado por el franquismo. “Al terminar la proyección, Marañón me dejó helado: ha ido usted a La Alberca y todo lo que se le ocurre hacer es recoger una fiesta horrible y cruel en la que arrancan cabezas de gallos vivos”. Marañón añade que él, en cambio, ha visto y ha admirado unos  carros cargados de trigo, así como unos bailes (presagio de los Coros y Danzas de España)  muy hermosos en aquella singular comarca… pero Buñuel, indignado, replica: “He estado en diecisiete alquerías donde ni siquiera conocen el pan”.

La película siguió prohibida. “En cuanto a que filmé lo peor era verdad: si no, ¿a qué iba?”,  puntualiza  Buñuel.   

 



Fuente: Le Monde Diplomatique
  
 
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