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11/1/2013 Strindberg    Reseña Libros

Tiene razón la traductora de

Strindberg (1849-1912) al español,

Carmen Montes, al decir que en toda la

inmensa obra del dramaturgo sueco hay

“un punto de vista insólito y una temática

novedosa”, y añade que sus novelas,

cuentos, dramas, artículos, diarios, cartas

y escritos de crítica social “siguen

un criterio históricamente precoz”.

El libro es un homenaje a un autor autodidacta

controvertido y polifacético –fue

pintor y fotógrafo- cuya riqueza desconocemos

en nuestro país. Un hombre al

mismo tiempo “ateo y creyente, misógino

y defensor de la mujer, conservador

y anarquista”, aquejado de un trastorno

de personalidad, pues la suya fue, o eso

parece, múltiple y perturbadora.

Ilustrado con reproducciones de la obra

pictórica (y fotográfíca), este volumen

impecablemente editado resalta el paralelismo

entre August Strindberg y, por

ejemplo, Mark Rothko y subraya su

aportación innovadora al naturalismo

sueco, así como su influencia en la reforma

expresionista del arte en su país.

Antes que otros sintió la fuerza y el alcance

del surrealismo.

Con la doble versión del original sueco

y la traducción castellana, los textos seleccionados

ofrecen fragmentos de su

poesía y de su Diario, y muestran la extraña

obsesión que tuvo por fotografiarse

a sí mismo”. Al recordar ahora la vida

compartida, que debía servir para

educarnos, comprendo que sólo era una

escuela común para educarse en los vicios”,

escribe en Solo (1903). Y en

Vivisecciones I afirma que “no me creo

víctima de experiencias más tristes que

los demás ni de haber vivido mayores

desgracias, sino que simplemente, he tenido

más valor para buscar los cadáveres de la memoria”.



Fuente: Le Monde Diplomatiique
  
 
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