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5/10/2012 Cuadernos del Himalaya, Barceló    Reseña libros
CUADERNOS DEL HIMALAYA
MIQUEL BARCELÓ
Galaxia Gutenberrg, Barcelona 2012
203 paginas (color)  27.90 euros

Fue una buena idea la publicación de Cuadernos de Africa (Galaxia Gutenberg 2003) y lo es ahora la de los Cuadernos del Himalaya que esta misma editorial acaba de lanzar al mercado, con un formato algo mayor pero igualmente atractivo y en absoluto pomposo. No estamos para derroches  pero sí queremos tener entre las manos los textos y los dibujos (también algunas imágenes) de un pintor de la talla de Miquel Barceló (Mallorca 1957).
El libro está dividido en tres apartados: textos, dibujos y fotos (tomadas por el autor) que se complementan perfectamente. El mérito de la escritura de Barceló es su sencillez, su espontaneidad, la frescura de un lenguaje (originalmente escrito en francés)  exento de otra coloración que no sea  la que el artista capta en los objetos, pues “la mirada nutre la pintura, casi la inflama. Mata. No pasa nada” (página 67).
Compartimos las emociones del pintor en los lugares visitados en 2009 y 2010. Son las emociones de un diarista que viaja con  pinceles,  lápices, una cámara y un amigo que uno sospecha que tan pronto existe en la realidad como no existe mas que en la imaginación de Barceló, siempre solitario.  ¿Qué importa que la percepción de la realidad se produzca con o sin hachís, con opio o sin él, con tristeza, cansancio o todas las incertidumbres propias del viajero?. Lo que logra Barceló es arrastrarnos a su universo a través der su estado de ánimo, a su visión ingenua del mundo, de los animales, de los objetos, y de los monumentos. No tiene prejuicios sino maestros (cita a Matisse) y sus reflexiones son directas: “La pintura, el juego teatral, la poesía, vienen de lejos, de donde no morimos”.
Ante el horror al vacío que despierta el Taj Mahal, recuerda a  su abuelo: “Cuando nació mi abuelo ya se anunciaba la muerte de la pintura. Cuando nací yo, la pintura murió unas cuentas veces (…) y luego nada, muere pero sigue ahí (…) la pintura, sepulcro sin reposo (…) siempre ahí y siempre agitada”      



Fuente: Le Monde Diplomatique
  
 
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