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29/6/2012 Julian Assange    reseñas
Pocas autobiografías de alguien tan joven como Julian Assange (Townsville, Australia 1971) se leen con la voracidad que despierta este libro. El autor quiso retirarlo de la circulación no tanto para autoprotegerse de las acusaciones a las que debe enfrentarse –entre ellas las de una doble violación en Suecia- como por la ambivalencia que caracteriza a los perfeccionistas. Assange es perfeccionista. No pasa por alto nada que pueda interesar al lector. Reconoce que tuvo una relación consentida con aquellas mujeres-trampa. Se confiesa cazado en su buena fe. A partir del día que registró el dominio WiikiLeaks.org (4 de octubre de 2006), sin disponer todavía de oficinas “desde las que atacar al poder”, supo que su vida correría peligro. Desde The Washington Post, diario que con el Watergate fulminó a Richard Nixon, se pidió su cabeza: “¿Asesinar a Assange?”, era el titular de un artículo dedicado a “un combatiente que forma parte del enemigo y debe ser tratado como tal”.
La infancia con una madre itinerante y temeraria (para él un dios) marca al personaje. Su estancia en países africanos y la revelación, gracias a distintas ONG locales, de escándalos que afectan a gobiernos, multinacionales, la banca suiza y mafias organizadas, las filtra desde WikiLeaks, donde existen enfrentamientos. Assange actúa como un justiciero cuya misión debe cumplirse, sea cual sea el número y rango de sus enemigos, que irán creciendo, hasta que el cerco se estreche y, finalmente, sea apresado.


Fuente: Le Monde Diplomatique
  
 
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