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1/3/2012 Trotski visita España    libros
Lev Trotski (1879 -1940) se muestra en este breve libro como un mordaz cronista de viajes cuyos huesos van a parar a la cárcel Modelo de Madrid, en el año 1916, al ser expulsado de Francia.
Su revolución permanente fue una permanente huida a la que Stalin dio fin encargando al comunista catalán Ramón Mercader que lo matara con un piolet en Coyocán, México.
Los pocos meses que Trotski estuvo en España, país neutral durante la Gran Guerra, los vivió en constante agitación. No conocía nuestra lengua ni tenía amigos que lo ayudaran. Alertada la policía española por la francesa, Trotski  lo pasó mal primero en San Sebastián, luego en Madrid y finalmente en Cádiz, desde donde embarcó a los Estados Unidos.
Trotski es un observador con la suficiente experiencia (es decir, capacidad de sufrimiento) como para captar al vuelo la personalidad de nuestro pueblo al que, sin excederse en elogios, parece admirar aunque en un tono compasivo.
Trotski entra en España engañado por el país que lo expulsa, Francia, y ya el mismo paso de la frontera y sus divertidas observaciones de la ciudad de San Sebastián, de moda entonces, ponen al lector de su lado. Fue Andrés Nin quien animó a Trotski a dar forma de libro a las notas de viaje, algo que este hizo desde Constantinopla, otro de sus lugares de destierro.
La estancia en la cárcel Modelo de Madrid brinda las mejores páginas que podrían ser amargas, pero no lo son. Trotski recurre al humor, la ironía o el sarcasmo porque prefiere despertar indignación antes que lástima.
En la Modelo, relata Trotski, existen tres clases de celdas: dos son de pago y la otra gratuita. La mejor cuesta 1.50 pesetas al día. Las diferentes clases de celdas no son mas que reflejo de las desigualdades sociales existentes en nuestro país, dice el revolucionario. Lo mismo ocurre con el trato que reciben sus ocupantes: los de las celdas de pago gozan de dos paseos diarios al aire libre. Los de las celdas inferiores solamente de uno. Los que pagan “tienen derecho a una mayor porción de aire puro que los pulmones de los que respiran gratis”, argumenta. Como ignora el motivo de su detención (le han dicho que se debe a que sus ideas son “demasiado avanzadas para España”), escribe al ministro de la Gobernación una carta memorable. Y es puesto en libertad vigilada.
En Cádiz, siempre escoltado por policías de paisano, traba amistad con un joven escéptico. “España se ha quedado atrás en todo. Estamos en plena decadencia. (…) No hay industria (…) Nuestros estudiantes no aprenden. Nadie hace nada.  Si los ayuntamientos gastan algún dinero, lo emplean en plazas de toros, pero no en puertos y escuelas. (…) De esta situación sólo podrá sacarnos la República, y ésta sólo podrá venir con la guerra. La guerra sería la salvación de España (…) Lo peor de todo esto es que no tenemos fe en nuestra propia salvación. Todos los partidos, uno a uno, nos han engañado. Dinero. No hay ideas”.
¿Existió ese joven de 23 años o lo creó el mismo Trotski para retratar el momento español? Da igual. El retrato es certero. 

Mis peripecias en España. Lev Trotski. 184 páginas. Editorial Reino de Cordelia, Madrid 2012.


Fuente: Le Monde Diplomatique
  
 
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