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29/11/2011 Vida secreta de Gala Dalí    reseña

Elena Ivánovna Diákonova (1894-1982), Gala para la posteridad, escribió un dietario dividido en dos partes:  la primera recoge los años de infancia y adolescencia transcurridos en Rusia, mientras que la segunda relata  sus relaciones con el poeta Paul Éluard y con Salvador Dalí.

Los años de infancia y adolescencia en Rusia son los más frescos de un relato autobiográfico en el que Gala se irá haciendo  una mujer visible. El lector simpatiza con la niña sensible que vive en un hogar tenebroso y problemático.

Elena es víctima de Kolka,  su colérico hermano,  quien un buen día le asestó “un navajazo tan profundo que todavía llevo la cicatriz en la mejilla izquierda”. Kolka, destroza sus muñecas en cuanto se las regalan, y aparecen de repente  “con los ojos reventados”. Pero la madre pone punto final a esta perversidad: ”Ató al niño a la cama con unas toallas de lavabo blancas, y sacando bruscamente de detrás de la espalda unas tijeras, las acercó lentamente a los ojos de mi hermano mientras le amenazaba con comportarse con él con la misma brutalidad con que él se comportaba con las muñecas: le reventaría los ojos”.

Elena también nos cuenta cómo espiaba a la cocinera cuando recibía al cochero y éste la besaba y la acariciaba: “Yo solía ir a la cocina apenas vestida, en camisón, y asistía a las fiestas que le hacían la cocinera y la niñera al cochero, festines a base de aguardiente, unas lonchas de salchichones y cebolla blanca regada con vodka. Recuerdo perfectamente cómo el cochero le metía la lengua en la boca a su amante y le pasaba la comida masticada. Para divertirse, intentaban hacerme beber un traguito de aguardiente” pero entonces la pequeña huía “llena de repugnancia hasta la náusea aunque al mismo tiempo atraída por el secreto misterio del que delante nuestro no se hablaba nunca, porque incluso la misma palabra amor estaba prohibida por mi madre”.

Vemos a la futura Gala “súbitamente abandonada” por sus padres en una estación de ferrocarriles, y la madre se instaura como sombra del terror al abandono, al que no escaparán “los hombres que me amaron y a los que amé”. Habla de estos y otros miedos inevitables con acatamiento ya que “las desgracias que tememos siempre acaban por llegar, todo termina con la vejez degradada, de la que lo único que viene a rescatarnos es nuestra propia muerte”.

Algunas confesiones son como epitafios grandilocuentes: “Busqué hombres, conservé algunos, amé a unos y otros, adoré las tierras de este país que no me asusta  (como me asusta Rusia), me angustia España, este país de gracia, de hermosa luz a todas horas…”

La musa de Dalí se pregunta qué es el amor: “El tormento que lo invade todo y cubre todo como un cúpula gigantesca”. Y añade que también es “la velocidad incalculable de un bólido y la inmovilidad de un muerto (…)  que permite que hasta un herido de muerte respire”.

 

LA VIDA SECRETA Diario inédito, Gala Dalí. EDITORIAL GALAXIA GUTENBERG. 2011. 100 páginas. 18.90 euros.



Fuente: Le Monde Diplomatique
  
 
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