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7/10/2011 Kafka, dibujante insatisfecho    Reseña Libros


Para quien no conozca los trabajos de Niels Bokhove sobre Franz Kafka, una rápida consulta a través de Google será suficiente. Bokhove es uno de los estudiosos más apasionados (e imaginativos)  de la obra del autor de El Proceso y a él, que ha contado con la colaboración de Marije van Dorst, debemos un libro en el que 41 originales de Kafka  ilustran sus textos. También podríamos decirlo contrario: el dibujo precede al texto.
La editorial Sexto Piso nos tiene acostumbrados en su excepcional catálogo a este tipo de obras, y lo único que podemos expresar es el deseo de que no abandonen esta línea en sus publicaciones. En nuestro país pocos hacen una apuesta de semejante calidad.
Desde mínimos detalles (por ejemplo la marca de pluma que utilizaba Kafka, acompañada de la ilustración de un anuncio de la época) hasta la paginación de los dibujos, “aún mas expresionistas que los propios relatos”, todo es sorprendente. El volumen es un regalo para cuantos reverenciamos, en primer lugar, al escritor de Praga, en segundo lugar la escritura en sí misma y, en tercer lugar, la pasión por la pintura cuando se complementan  el trazo caligráfico y el trazo del artista capaz de transformar palabras en sencillos dibujos.
Kafka tomó lecciones de dibujo escolar pero lo hizo “con una pintora mediocre y eché a perder todo mi talento”, lamentaba. Su amigo Max Brod quiso publicar los dibujos, pero no lo logró. Kafka no era más indulgente con esta obra que con sus escritos. “No son dibujos para mostrar a nadie”, confesó a Gustav Janouch, “tan sólo son jeroglíficos muy personales y, por tanto, ilegibles”. Piensa que sus trazos  “son un intento repetitivo y fallido, de magia primitiva”. Se refería a su serie de enigmáticos hombrecillos que “vienen de la oscuridad para desvanecerse en la oscuridad”, es decir, sus “marionetas de hilos invisibles”, según Max Brod. En el Cuaderno en octavo D  (1917 /18) Kafka anota: “El arte se abstrae de sí mismo y se suprime a sí  mismo, lo que en realidad es huida se hace pasar por divagación o incluso por ataque”.
Y aquí ya aparece un hombre con bastón que nos conduce a un fragmento de Descripción de una lucha (1907 / 08): “Y la gente, bien trajeada, va a pasearse, vacilante, por la grava, bajo este vasto cielo, que desde las colinas en la lejanía hasta lejanas colinas se extiende”. Sin abandonar el mismo dibujo, reaparece la voz de Kafka en otro texto titulado Once hijos (1917) y declara que “mi noveno hijo es muy elegante y tiene esa mirada dulce que gusta a las mujeres. Tan dulce que en ocasiones puede seducirme a mí, que se que basta con una simple esponja mojada para borrar todo ese esplendor terreno”. Con o sin bastón, sentado o de pie, la mancha que es en realidad el hombre, se tensa para la esgrima: “El segundo (hijo) es hermoso, esbelto y bien plantado; resulta fascinante verlo con el florete en posición de guardia”.

Franz Kafka, dibujos. Niels Bokhove y Marijke van Dorst.
Editorial Sexto Piso, Madrid. 2011. 144 páginas. 19.90 euros.



Fuente: e Monde Diplomatique
  
 
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