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30/7/2010 El editor subyugado por Kafka    reseña libros
Qué interés o garantías ofrece un editor que rechazó, sin leerlo, el
manuscrito de La decadencia de Occidente? El mismo Kurt Wolf
(1887-1963) da la respuesta: “No tengo ningún motivo para enorgullecerme
de haber devuelto al autor el manuscrito de La decadencia
de Occidente sin haber llegado a leerlo. Es difícil explicar semejante estupidez
a posteriori (…). Me disgustaba lo banal que me parecía la letra
de la carta … y puede que esto sea un prejuicio muy necio (…) Más importante
fue la reflexión que me hice (…) si aquel tal señor Spengler
ofrecía a la editorial Kurt Wolff una obra semejante debía de ser porque
todas la editoriales ya la habían rechazado”.
Kurt Wolff da una lección de humildad. La penitencia tardaría poco
en recibirla: la obra de Oswald Spengler fue de inmediato aclamada en
todo el mundo, pero el sello editorial no era el suyo. Kurt Wolff dio a conocer
a grandes escritores como Franz Kafka, Heinrich Mann, Georg Takl,
Franz Werfel, Karl Kraus y el inefable Robert Walser. Primero en Alemania y, a partir de 1933 en Estados
Unidos, donde fundó la editorial Pantheon Books (Nueva York) y Helen & Kurt Wolff Books en 1961,
este editor fue el gran visionario de los talentos expresionistas. Lo más apasionante del libro es el apartado
con la correspondencia entre Franz Kafka y el mismo Wolff. Hasta la más breve e impersonal carta
de Kafka (con el encabezamiento Estimada editorial) tiene el poder de cautivarnos. Más que entablar
un diálogo profesional autor-editor, hay como un tanteo, del lado de Kafka, para explorar ese universo
exterior –el público- por el que teme ser devorado. En una carta a Kurt Wolff (marzo 1920) lamenta
no poder viajar a Baviera y tener que conformarse con una estancia en Merano: “Pues aunque sea mejor
para mi pulmón, mi cabeza quería ir a Baviera, y como es mi cabeza la que dirige mi enfermedad
pulmonar, en cierto modo también esto hubiera sido adecuado”.
En otra, Kafka argumenta que para la portada de La transformación (La metamorfosis) no intenten
dibujar el insecto puesto que “el insecto en sí no puede ser dibujado”. Sugiere que la puerta de
la habitación en la que está el bicho esté cerrada y aparezcan ante ella los padres y la hermana. El
editor obedece (solo se ve al padre, con un gesto de horror) y procura tranquilizar a Kafka. Su autor
crece y sufre ante sus ojos. Es, además, un autor discreto que jamás incomoda. Wolff le ofrece “una
cantidad continuada” para que sobreviva. Pero Kafka sólo le pide libros. Cuando deje su empleo,
le dice, “me casaré y me marcharé de Praga, tal vez a Berlín. Cierto es, según puedo seguir creyendo
a dia de hoy, que ni siquiera entonces dependeré por completo de los ingresos por mi labor literaria
(…) Tan sólo espero que llegado el momento no me abandone Vd., mi estimado señor Wolff, por
supuesto, siempre y cuando yo lo merezca más o menos”.
Kurt Wolff, Autores, libros, aventuras / Acantilado 2010


Fuente: Le Monde Diplomatique
  
 
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