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31/3/2010 Montañas de la libertad    libros
Franco canjeó refugiados por alimentos. Franco entregó sin ningún miramiento judíos que cruzaron los Pirineos para huir del holocausto a sus verdugos alemanes. Franco aplicó a los refugiados franceses (los mas numerosos), británicos o  polacos el mismo trato reservado a los presos políticos españoles en las cárceles y campos de concentración. Eso sí, estableció una diferencia: las  embajadas, o la Cruz Roja Internacional, pagaban el alojamiento y la manutención de los reclusos  de su misma nacionalidad. Los  afortunados serían enviados a hoteles o balnearios, pues no cabían todos en cárceles o campos de concentración. Los otros fueron repartidos por distintos centros penitenciarios en los que el hambre, la disentería y el hacinamiento les daban la bienvenida en nombre del nuevo régimen nacionalsindicalista. Cantaban el Cara al Sol con el brazo en alto. Asistían a la santa misa. Se mantenían en forma gracias a los trabajos forzados. Debían gritar: ¡Viva Franco!
De los 80.000 refugiados que cruzaron los Pirineos  entre los años 1939 a 1945, jugándose muchos la vida y pagando un buen dinero por ello, 50.000 fueron detenidos por las autoridades franquistas. Había de todo: fugitivos de los ejércitos alemán o francés, espías del eje o de los aliados, pilotos, traidores o judíos.
En su documentado libro, el historiador Josep Calvet cuenta que durante los primeros años de la II Guerra Mundial cruzar los Pirineos fue relativamente fácil sirviéndose de las redes establecidas y de los guías en ocasiones ladrones. Pero la insistencia del Führer para impermeabilizar esos 500 kilómetros de frontera se intensificaron lograda la ocupación de Francia. Tanto la Gestapo como la policía franquista se esforzaron por impedir aquel flujo humano. Y fue así hasta que esta colaboración cambió de signo (y de patrón) con la progresiva derrota de Alemania. La Gestapo desapareció de San Sebastián, donde apresaba a judíos o prófugos impunemente. Franco tuvo que congraciarse con los aliados. Pero mantuvo al ejército en los Pirineos hasta mediada la década de los cincuenta.  
A partir del verano de 1944, son los alemanes quienes huyen de los aliados y ven en una España simpatizante con el nazismo su refugio mas seguro. Las páginas dedicadas al campo de concentración en Miranda de Ebro, no tienen desperdicio. Muchos internos  habían ingresado libres en prisiones provinciales pero salían de ellas esposados como delincuentes comunes para acabar con sus huesos en el Batallón Disciplinario número 75 de Beliche.  Reconstruyeron el pueblo. Luego fueron enviados al campo de concentración de Miranda de Ebro (42.000 m2) un paraíso conocido como Chez Franco (Casa Franco), donde no había agua  en las letrinas y las condiciones de salubridad eran ínfimas. Las protestas internacionales arreciaron, se produjo una huelga de hambre y Franco, siempre ocurrente, envío al general Camilo Alonso Vega para que ordenara construir … una piscina.
                                



Fuente: Le Monde Diplomatique
  
 
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