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3/10/2009 George Steiner en The New Yorker    crítica libros


George Steiner es un crítico apasionado. Puede ser hostil hacia movimientos culturales, pensadores y artistas. Como señala Robert Boyers en el prólogo de estos ensayos aparecidos en The New Yorker (1967-1997), responsable de la antología, Steiner genera ideas estimulantes. Michel Foucault leyó una reseña de Steiner, se indignó  y lo desafió: “Steiner no solo reinventa lo que lee (en referencia a Las palabras y las cosas)  sino que también inventa aquello a lo que hace objeciones, inventa las obras con las que compara el libro, e incluso inventa las propias obras del autor. Es una pena para el señor Steiner que el genial Borges inventara la crítica-ficción” (Foucault, Las monstruosidades de la crítica, 1971).
Nos adentramos en los ensayos con el optimismo sincero que comunica Steiner. La sinceridad puede ser intrépida y casi siempre arriesgada. Preguntado por el tema de la inmigración en Europa, Steiner dijo recientemente a un periodista español: “Es muy fácil sentarse aquí, en esta habitación, y decir: ¡El racismo es horrible!. Pero pregúnteme lo mismo si se traslada a vivir a la casa de al lado una familia jamaicana con seis hijos y escuchan raggae y rock and roll todo el día (…)”.
Le tuvo que recordar la Prensa británica a Steiner que él mismo fue un inmigrante judío perseguido por los nazis y recibió ayuda en el Reino Unido. Un comentario racista  como el suyo desentonaba en su biografía.
Hay ensayos desafiantes, provocadores. Mas de uno incurre en lo que mas detesta Steiner: la cháchara filosófica. Pero la mayoría seducen por su aguda y minuciosa capacidad de análisis, sea éste directo o comparativo.
Bertand Russell le parece “un virtuoso de la desautorización”, y su Autobiografía desata el sarcasmo de Steiner: “una hilarante estampa de pomposidades filosóficas y personales en el Cambridge (Massachussets) de 1914 es coronada con la discreta ocurrencia de que había limitaciones en la cultura de Harvard…”
El lector compadecerá al arquitecto nazi Albert Speer, condenado en Nuremberg  y encarcelado de por vida en Spandau, porque su Diario nos vuelve culpables por mantenerlo entre rejas: “Se acercó mucho mas a la verdad del fenómeno Hitler cuyo motivo central era el antisemitismo”, nos confía Steiner. ¿Acaso lo admira  por su fortaleza?. “Después de una semana en una celda de castigo, donde pasó once horas diarias sentado sin moverse ante las lisas paredes, salió tan fresco como el primer día”.
De Cioran se ocupa no  para elogiar la desesperada lucidez de sus aforismos sino para  recomendar “el texto aforístico mas bello de las recientes décadas, los Minima moralia de T. W. Adorno (que) rebosa la autoridad de una verdadera abreviatura, de una escritura cuya concisión retraduce, obliga a retraducir a una psicología y sociología de envergadura, de una conciencia histórica observadora”.
Koestler, Chomski, Canetti, Walter Benjamin salen mejor parados. Siempre hay un pero. Una objeción, algo que echar en falta, aunque solo sea más desvergüenza para reconciliarnos con Louis-Ferdinand Celine.  



Fuente: Le Monde Diplomatique
  
 
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