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11/9/2009 Chaves Nogales    Libros

No le interesaban ni los toreros ni los toros pero acometió una excepcional autobiografía (apócrifa) de Juan Belmonte que incluso el lector que aborrezca la llamada fiesta nacional leerá de cabo a rabo porque Chaves Nogales se mete en la piel del hombre que a su vez se ha metido  en la piel de un torero, y éste en la piel del toro, es decir, la obsesión por la gloria, la muerte y la nada.
Juan Belmonte fue un pretexto para retratar una época y una ambición, una aventura exterior y otra mas íntima, la  del individuo famoso pero vulnerable quien, rozando la vejez, se encerró solo en su cortijo y se descerrajó un tiro sobre la misma cicatriz de asta de toro que llevaba en la sien.  
No es nostálgico; tampoco costumbrista, ese que cede al cinismo. Pero de pronto te ríes a pesar del escritor, y de ti mismo. Una frase es una carcajada. La siguiente todo lo contrario. Su prosa es tersa pero vibra. Y hay sencillez.
Aconsejaría a los lectores que empezaran por el segundo volumen, eso sí, leyendo antes el documentado estudio de la filóloga y catedrática de Literatura Española María Isabel Cintas Guillén.
El libro  mas desconcertante, divertido, dramático y entrañable de toda la obra de Chaves Nogales: El maestro Juan Martínez que estaba allí, no se olvida fácilmente.
¿Qué tiene esta narración de 250 páginas? Para empezar, se ocupa de la Primera Guerra Mundial tal como la sufre un bailaor flamenco nacido en Burgos que abandona España muerto de hambre con su flamenca mujer y, primero en París, luego en Polonia y después en Rusia, va sumando desdichas y escarmientos. Un don Quijote pero escrito por Quevedo, o un Buscón amansado por Cervantes. Chaves Nogales reflexiona sobre lo absurdo de cualquier guerra  por medio de esa persona interpuesta (el maestro Julián Martínez), alguien que estuvo allí para dictar al periodista sus proezas y desengaños.
Las memorias son instantáneas de la Revolución bolchevique, de los enfrentamientos de Rojos y Blancos, de la hambruna de las masas sometidas a la barbarie de unos y de otros, y a la que Juan Martínez se enfrenta sin dejar de bailar, con su inseparable esposa, para que no se coman viva a la pareja. El baile podría ser mas que un oficio una metáfora.
Cuando Manuel Chaves Nogales, que apoyó a la República, vio que el Gobierno abandonaba Madrid a la carnicería de Franco, se refugió en París. Y cuando los nazis invadieron Francia escapó a Londres, donde murió no sin antes haber escrito A sangre y fuego (Bestias y Mártires de España, 1937), sobre nuestra guerra civil.



Fuente: Le Monde Diplomatique
  
 
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