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11/9/2009 KAWAKAMI    Libros
EL CIELO ES AZUL, LA TIERRA BLANCA

Extrañamente conmovedor sería el sentimiento que al final de  una historia de amor (subtítulo de la novela) experimenta el lector después oscilar  entre distintos y contradictorios estados de ánimo.
Una japonesa todavía joven teme enamorarse de un anciano maestro nipón que la dobla en años y experiencias, pero a ambos los une una pulsión oral que les dificulta sobrepasar esa fase, pues el relato avanza muy ágil en virtud no solo del arte narrativo de la autora sino también de la detallada e ininterrumpida ingesta de alimentos exquisitos y exóticos de la cocina japonesa.
El lector no necesita palillos para devorar este libro que encima destila licor de arroz, del que los protagonistas consumen grandes cantidades casi siempre en la misma taberna. Y la pareja sale mas airosa cuando están ebrios –sobre todo ella- que cuando están sobrios.
Detrás de las mascaras  del profesor, a quien abandonó su esposa, y de la ex alumna (que no sabe cómo seducirlo) aparecen sus biografías envueltas en un halo de ensoñación magico-prosaica, y el sexo  brota en la penúltima página del libro, como presagio de la muerte del maestro. No hay otro drama salvo el de la búsqueda de algo inalcanzable: el modo de unir dos soledades en la memoria y de hacer de ella algo común.
El episodio de la ingestión de una seta de la risa que enloquece a la ex esposa del maestro,  y  vuelve trivial el hecho de que muera atropellada por un coche en una isla sin apenas tráfico,  prueba el humor de esta escritora. Semejante escena se la confía el maestro  a su celosa amante en … el cementerio de la misma isla.                                  



Fuente: Le Monde Diplomatique
  
 
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