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12/6/2006 Fernando Arrabal (fragmento)    fin de semana con...
Veo en Internet una entrevista que hice a Fernando Arrabal hace años. No sé cuántos, pero estaba vivo no solo él sino también yo. Fue una coincidencia.

Un fragmento:

En la gran frente de Arrabal se marcaban dos surcos verticales muy profundos. Parecían cicatrices hechas con un cuchillo. Y ensombrecían su rostro con la marca repentina y brutal de la vejez.
El pintor quería saber dónde estaba un cuadro que tiempo atrás había regalado a Arrabal. Miraba las paredes y no lo veía allí. ¿Acaso no le gustaba?, Preguntó. Arrabal dijo que los mejores cuadros no los cuelga. Los esconde. Y que los excepcionalmente buenos los destruye: "Me dan demasiada envidia y no soporto verlos."
El pintor se puso pálido. ¿Había destrozado su lienzo? ¿Lo tendría arrinconado en el desván?
Arrabal se levantó para tranquilizarle. "Un momento", dijo, "no te alarmes", y salió de la habitación. Poco después reaparecería con varios lienzos que asomaba lentamente por detrás del enorme garrote vil de otero. Un cuadro de Topor, un Botero, el cuadro del pintor de la tertulia, una crucifixión de una pantera rosa, la silueta de una mujer dotada de un miembro viril erecto, homenaje de Roldán a Sócrates.
A mi lado, un poeta llamado Trusevitch pedía fuego para su cigarillo de picadura recién liado.
- ¿Escribes algo? – le pregunté.
- Nada.
- ¿?o escribe nunca?
- No hago nada.
- Pero al menos piensa. ¿O es que tampoco piensa?
- Desgraciadamente, sí; pero espero que sea por poco tiempo.
- ¿Y de qué vive?
- De mi mujer. Como soy un inútil estoy casado.
Con Fernando Arrabal ya en la mesa, Don Juan volvió a la conversación. Pero, antes, Arrabal explicó que el poeta Michel Trusevitch era el único poeta surrealista y pirómano sin obre conocida, a menos que se considerase una obra su ineto de inciendar la vivienda de André Breton. Arrabal había publicado un artículo sobre este hombre en el diario Abc, y fue a buscarlo para que nadie tuviese la menor duda.
"¿Ha conocido alguien a un verdadero Don Juan?", repitió la pregunta. Trusevitch levantó la mano. "¡Yo he conocido a uno!", exclamó. "¿Y puedes explicar cómo era ese Don Juan?", le seguía preguntando Arrabal. "Naturalmente", dijo el pirómano, "era homosexual".


Fuente: El Pais
  
 
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